SI ES NO, NO ES SI.

No es que Pedro Sánchez –sin el Antonio de segundo- haya cambiado. Su empecinamiento sigue igual. Simplemente es que hay más gente además de Pedro Sánchez.  Vamos, que  no todo es Pdro Snchz, ni nosotros damos vueltas a su entorno –ya le gustaría a él ser el centro del Universo, aunque tirando muy mucho hacia la izquierda-. 

Su experiencia desvocalizadora pasó a mejor vida.  No me imagino un Pdro Snchz quitando letras al PSO de Spaña, mientras institucionalizaba funerales de Estado a las víctimas de la violencia de género.  Vamos, que uno ya se lo imagina como otro Iglesias, tras el paso por Vistalegre 2, pero en el PSOE.

Hoy no toca hablar ni de uno ni del otro.  Ni de los mismos.  Del  no es no, pasamos  al sí es no, o todo lo contrario.  Los artistas invitados de hoy son Puigdemont y Homs.  Dos españoles que no se inmutan al decir lo contrario de lo que todos oyen, y sorprendentemente, convencen a una parte de los catalanes de todo lo contrario.  Vamos, que o bien hablan para los que no escuchan  o simplemente para quienes  no quieren oír.

Parece un copia y pega del guión  de Una noche en la Ópera, de los hermanos Marx, en lo  de la parte contratante de la primera parte.   Lo que uno ya no alcanza es saber si se desarrollará en la Ópera o lo harán más propio –no confundir con el propio Mas y la segunda parte contratante-  y lo encasillarán en el Palau, más afín a los nacionalistas, o mejor aún, a los de la derecha catalana –Pujol & Cia-.  O al menos eso es lo que se lee en lo relacionado con la corrupción y demás.

Homs declara ante el Supremo –ante el Tribunal terrenal, en Madrid se entiende, que de lo Otro, uno lo desconoce- que no había forma humana de saber cuál era el alcance de la providencia dictada por el Constitucional. 

Puigdemont, tras el varapalo del Consejo de Garantías Estatutarias (el Constitucional catalán de pura cepa) que considera inconstitucional y contrario al Estatut la cláusula incluida en los presupuestos para la consulta,  va y sin ruborizarse, vocifera que la partida con el dinero reservado para hacer un referéndum está perfectamente avalada.  Aplausos.

Aplausos los que debió recibir también Homs, y esta vez  en Madrid, tras el encuentro con las multinacionales, a quienes les auguró el fracaso del “procés” soberanista.  Y es que lo importante  no es lo que en  uno crea o deje de creer, sino decir lo que los demás quieran escuchar u oír.  Allí está el verdadero talismán de la política.  Y los catalanes, de eso, saben mucho.


Demasiado.

PUBLICADO EL 9 DE MARZO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.

JUSTICIA Y MÁQUINA

Siempre se ha dicho que la maquinaria de la Justicia es lenta y que muchas veces, cuando se produce el fallo –que no el error-, éste llega a destiempo.  Eso mismo ocurrirá, de no producirse ningún “milagro judicial” que lo remedie, en el caso Nóos.  Apelaciones y demás artilugios legales de los que sólo los ricos pueden aprovecharse, retrasarán la entrada o no en prisión de los máximos encausados.

Siempre he pensado que algo falla en la Justicia.  No debería ser tan lógico, sino la excepción,  que el criterio de un juez pudiera verse modificado en instancias superiores. Sin duda, estadísticamente serán pocas las sentencias en que se produzcan tales rectificaciones, pero para llegar a ellas, se habrá tenido que invertir cierta cantidad de dinero, cantidades éstas  de las que muchos no disponen.

La Justicia llega a un punto comparable con la Sanidad.  Da la sensación de que un médico de un hospital de comarca no tenga las mismas capacidades que un médico de un hospital de referencia, cuando ambos profesionales han sido formados con igual temario.  El mito podrá atribuirse a los medios técnicos, pero no a los humanos.  Otra cosa será el nivel adquirido en la formación de cada uno.  Y en los juzgados, parece ocurrir lo mismo.

Como hay enfermedades que no tienen cura, pues también habrá resoluciones judiciales que no tendrán otra salida jurídica, lo diga uno de comarca o uno de la Audiencia.  Lo inquietante es que una enfermedad curable no sea tratada con la diligencia –ya no con los medios- como debiera.  Y aquí ya entra el factor humano.  El mismo que con la toga.  Y si hay diversidad de opiniones y de resultados, simplemente es porque alguien falla –y esta vez, sí que erra-.  Y pocas veces estos erros tienen consecuencia para el sujeto activo.

La interpretación es el salvoconducto legal para estos casos.  Los jueces interpretan las leyes y cada uno desde su independencia.   En esto, la justicia es más igualitaria que la sanidad.  El dinero no facilita el acceso al órgano superior desde un principio; aunque eso sí, garantiza que en algún momento, se llegue.  Y que el resto, nos quedemos por el camino.

Cuando se habla de innovación, de I+D+I, me imagino una máquina  a la que se le programaran todos los datos, todas las leyes y todas las interpretaciones posibles,  se le  introdujeran todos los pormenores de la causa y que fuera ésta la que dictara sentencia.  Sin duda, fallaría con menos  apelaciones  que las dictadas por  humanos.

Y los recursos, a otra máquina.



PUBLICADO EL 2 DE MARZO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.

NOOS, NO NOS SORPRENDE

La sentencia del caso Noos creo que habrá sorprendido a pocos.  Otra cosa es que a muchos nos  hubieran gustado  unas condenas elevadas y más por aquello de la ejemplaridad, pero casi nunca suele pasar, porque una cosa es el deseo de muchos, y otra muy distinta, la interpretación que se haga de la ley.

Casos como estos me devuelven a treinta y tantos años atrás, cuando en el primer juicio que asistí, el juez absolvió al acusado por falta de pruebas, cuando éste en el acto del juicio oral incluso había admitido los hechos de los que se le acusaba. Y la interpretación del juez  en la sentencia fue que uno no puede declarar contra sí mismo.  Tras aquello, a uno ya nada le sorprende.

Tampoco hay que remontarse a tantas décadas.  Los titulares de la página de sucesos, son suficiente ejemplo de ello.  Comparamos las peticiones previas de la fiscalía ante cualquier juicio y tras la publicación de la sentencia, éstas han pasado por las rebajas de enero, febrero, julio y octubre. 

Lo curioso del caso es que esta vez, de trato, ha habido poco.  Y que la petición de la fiscalía, seguía siendo elevada en cuanto a los principales acusados.  Alguien falló – o mal interpretó-, sin duda.  Y no me refiero precisamente al “fallamos” de la sentencia. 

Ahora, cada cual hará su interpretación propia, sesgada, interesada e incluso manipulada.  Los partidos políticos contrarios al régimen monárquico, posiblemente, los más.  Pero una cosa es ir a favor o en contra del sistema monárquico, y otra muy distinta es aceptar disposiciones arcaicas por aquello de la tradición.

Es de suponer que, a día de hoy,  la inmensa mayoría del electorado –sean o no monárquicos- no aceptarían bajo ningún supuesto que la jefatura del Estado recayera sobre la infanta Cristina.  Dicho esto, la norma –la Constitución- debería reescribirse a fin de que ello no fuera posible.  Y de paso, ya que estamos, suprimir algunos privilegios que han quedado en la cuneta de la vía democrática.  Casos como la prevalencia del varón sobre la mujer y la diferencia textual entre la reina consorte y el consorte de la reina, también podrían ser rectificados.

I ja que hi som arreglar algunos desaguisados tanto en el tema autonómico, como en el funcionamiento de las instituciones políticas.  Vamos, una puesta a punto con todas las de la ley: un cambio de aceite, de ruedas, el  radiocasete por un compacto, y sobretodo  un pulido de la carrocería. 

Seguro que de todo, el problema en sí,  vendría con  la elección del color final.  


PUBLICADO EL 23 DE FEBRERO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.

EL HONOR, UN DERECHO

Valor “se le supone”, ponía en las “blancas”  al licenciarnos de la mili.  Y por suerte nuestra –y de la Patria- nunca tuvimos que demostrarlo, que si no, a más de uno se lo hubieran tenido que negar.

Pero hoy no toca hablar del valor, si no del honor.  En este caso, el honor sube enteros y se le concede a uno con todas las garantías de la ley.  Es un derecho que tenemos y, seamos merecedores o no de ello, lo tenemos adjudicado por la gracia de nuestros mandamases.  Ya podemos ser unos borrachos empedernidos o unos ladrones confesos, que nadie nos lo podrá echar por cara, so pena de ser castigado por ello.  O al menos, hasta tener la interpretación de un juez.

Así de simple.  Atrás quedan aquellos duelos para restituir el honor de uno.  El honor tiene un coste y por ende, un precio. Seis mil serán los euros que deberá pagar la dueña de un restaurante por responder a las críticas que le hizo una clienta en una web de viajes.  Según el titular del juzgado que sentenció la intromisión ilegítima en el derecho al honor de la clienta, algunos comentarios de la restauradora no debían haberse hecho ya que vulneraban dicho derecho al honor.

Nadie valora en cambio, si el comentario que dejó la clienta en dicho portal de internet era cierto, exagerado o simplemente falso.  Nadie valora el coste que, de ser falso el comentario, le puede ocasionar a este restaurante, a sus ganancias, a los empleos que de ello dependen.  Lo que sí al parecer se valora es que ni aquella clienta –ni su acompañante-  eran personas públicas.

No voy a opinar sobre el particular, porque por no tener, ni tengo seis mil euros, y mucho menos aún para regalar.  Pero me pongo en el pellejo de la restauradora y comprendo su lógica y normal reacción.  El cliente tiene razón sí, pero tiene que haber un límite.  Una cosa es el trato directo con el comercio, y otro muy distinto debería ser el hacerlo público en el supuesto caso de faltar a la verdad.  Y ya no digamos los anónimos.

Sería curioso que por ejemplo a uno, presuntamente, le intentaran birlar algún objeto, y por decirlo públicamente te condenaran por intromisión ilegítima en el derecho al honor y a la intimidad.  O que alguien te montara un sarao por haber tomado algunas copas –o botellas- de más y no poder exponer el contexto en que se desarrollaron los hechos.


Ah, eso sí, si el cliente hubiera sido una persona púbica, la cosa tal vez hubiera cambiado.  Aunque uno ya no sabe si en el sentido de la sentencia, o simplemente en el coste de la multa.

PUBLICADO EL 16 DE FEBRERO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.

BAJAS A DEMANDA

No podemos negar que la picaresca es algo intrínseco a los españoles.  Y no de ahora, sino de tiempos anteriores al Lazarillo de Tormes.  Sí que es verdad, que ahora, con la falta –o el cambio en la escala- de valores, la falta –o el cambio en la percepción- de autoridad, y como no, con la percepción de que los derechos prevalecen sobre las obligaciones, y que el victimismo gana juicios –“España nos roba”-, esta picaresca cotiza en alza.

La semana pasada Es Diari daba noticia de que la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Baleares había ratificado el despido de un camarero localizado en un concierto de Pablo Alborán tras haber presentado un parte de baja médica.  Y para más inri la noticia aparecía en el Sorprende y no sorprende.  Y es verdad que sorprende.  No estamos acostumbrados a que se tomen medidas contra estos abusos, descaros, timos, por no llamarlo de otra manera.

Muy por seguro que a todos nos vendrán en mente nombres de coincidentes en el trabajo –me resisto a llamarlos compañeros-  a quienes no dudaríamos en compararlos con este camarero despedido.  Y no hablemos cuando esta actitud,  más que reincidente,  es reiterativa.  Y presuntamente programada.  Vamos, como nacida tras una charla de bodega.

Y la sociedad, ante estas actitudes abusivas, actúa  a destiempo, y de una  forma generalizada, provocando aquel dicho, también tan español, de que “pagan justos por pecadores”.  Ello ocurre cuando el ministerio del ramo, generaliza, y los recortes aparecen en escena.  Limitación de bajas, inspección médica, reducción de salario…  Cuando esto ocurre, el presunto defraudador en bajas, se adapta al medio,  mientras que el trabajador normal, acarrea con las consecuencias y se verá penalizado por el abuso de estos defraudadores.

La adaptación al medio es relativamente fácil.  No tiene problemas en volver al curro dado que su dolencia es ficticia o cuando menos, aumentada.  Y es más, de querer mantener el pulso,  con poner cierto aire teatral se consigue transformarla como una baja laboral o in itinere.

Y la solución, pues el control al trabajador.  El despido de este camarero es prueba de que la sociedad tiene armas con las que combatir estos abusos. Invertir en una plantilla de inspectores, ya no de bajas, sino de “trabajadores en situación de incapacidad transitoria”, y a su vez, aprobar una legislación que estipule qué actividades son incompatibles con una baja médica.  Y actuar.


Seguro que alguien lo tildaría de anticonstitucional.  Y así nos va.

PUBLICADO EL 9 DE FEBRERO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.

INEPTITUD, DESIDIA….

Como propósito de entrada de año, me propuse guardar la hipocresía para los casos de supervivencia extrema, y para el resto,  eliminar los filtros que no hacen más que ralentizar y enmascarar los dardos con los que uno intenta posicionarse en la sociedad.

Las moscas de los quirófanos del Hospital Can Misses han sido noticia estos últimos días.  Y aunque lo primordial haya sido las garantías de seguridad, la vuelta a la normalidad y la toma de medidas que eviten que un suceso de tal magnitud se repita, también es necesario el depurar responsabilidades e irregularidades que hayan podido provocar la aparición de las mismas.

Ha habido voces que han manifestado que éstas aparecieron del subsuelo debido a deficiencias en la construcción, e incluso culpaban que se había escatimado presupuesto en este capítulo.  Uno, desde la lejanía y desde su ignorancia, no puede añadir ni comentar nada al respecto, y dejar que sean los interesados, técnicos y asimilados quienes hagan su trabajo.

Ahora bien, la visión del ciudadano –del contribuyente- también tiene su importancia.  Y no importa irnos tan lejos, sino que basta llegar al Hospital Mateu Orfila por la entrada de urgencias con una ambulancia.  Y ya no digamos si a uno lo trasladan con helicóptero.  Añadamos a la desgracia, que es un día ventoso y lluvioso.  Y para más inri, que el paciente tuviera una neumonía del copón.

Si en su día ya se criticó la falta de previsión en cuanto  a no aprovechar el subsuelo para la construcción de aparcamientos, también se podría haber añadido el desaguisado de la entrada de  pacientes en ambulancia.  Eso sí, no falta estructura, sino más bien, sobra altura.

A un ignorante como quien eso suscribe, no le queda más respuesta que la que el arquitecto diseñó más por estética que por operatividad.  O que el asesor –si lo tuvo- era más de despacho que de calle.  O que quien eligió el diseño finalista se fijó más en otras cosas que en la propia seguridad del paciente y de los trabajadores.

Llegado a este punto, seguro que si repasáramos muchos edificios, encontraríamos fallos que seguro pondrían los pelos de punta a más de un calvo.  Y no importa ir a los edificios públicos, también pueden ir a los edificios que se hicieron durante el boom urbanístico de los noventa, con tanta constructora venida a más con las ayudas gubernamentales y con el marchamo, algunas de ellas,  de viviendas de protección oficial.

Ineptitud de unos, desidia de otros, estafa de muchos.


Y el paciente, en la UCI. O peor aún.


PUBLICADO EL 2 DE FEBRERO DE 2017, EN EL DIARIO MENORCA.