¿CORDERITOS? JA, JA, JA

Si una cosa tiene este verano es que a falta de noticias, no falta día en que  alguna tontería  sea portada.  Las dos últimas vienen con el mismo sello: los políticos y el hacerse notar.  Vamos, lo que en otros tiempos y en otros perfiles, se diría “mostrar la oreja”.

Por un lado, y con su manual de resistencia bajo el brazo, Sánchez  –Pedro, para más señas-,  el invicto presidente en funciones, llega con casi una hora de retraso a su despacho con el rey.  Y su retraso no es achacable a Vueling.  Y su excusa, una más  de mal pagador.  No en vano, no es la primera vez que Pedro, el amigo de Pablo, deja plantado al jefe del Estado.  Son conductas personales que nada pueden achacarse a un partido en concreto.

Pocas horas después, una desconocida para el resto de mortales, gana popularidad y se hace un sitio en esto de ser trending topic.  Y siempre a costa de la monarquía.  Y uno se pregunta ¿qué harían estos personajes si no existiera la monarquía? La verdad es que no me imagino a la vice criticando o cuestionando a su presi o a la mujer del presi –que tanto monta, monta tanto-.  Y si lo duda, siempre está a tiempo de hablarlo con  Errejón, antiguo compañero de filas, que fue defenestrado por jugar a demócrata en su propio partido.

Eso sí, la vice –voy a intentar no usar su nombre para no darle más popularidad de la que merece- dice que acudió a la recepción por –podríamos incluso decir- imperativo inherente a su cargo institucional, vamos que uno ya no sabe si fue para mantener el sueldo y las dietas, o por salir en la foto. 

Lo cierto es que en una cosa tengo que darle media razón. Media, porque toda no se la doy.  De lo contrario sería uno más de esos corderitos. No me parece justo a estas alturas que se te imponga un tipo de ropa por asistir a una recepción. Pero siempre abogo por jugar con las reglas de juego, y más si estas son conocidas con anterioridad.  Y de no aceptarlas, siempre está la libertad –parece ser que esta palabra no encuadra en algún vocabulario personal de alguno-alguna- de no participar en el juego, en este caso, el de no asistir a la recepción.

¿Rabieta, pulso, falta de notoriedad? Personalmente me ha parecido una chiquillada. Un “voy porque me obligan”. También un acto propagandístico del que estamos tan acostumbrados que aparezcan desde ciertos posicionamientos políticos.


Y desde estas líneas le recordaría a nuestra vice, que lo es más por acuerdos que por votos directos. ¿En este caso concreto, quién es corderito de quién?


PUBLICADO EL 15 DE AGOSTO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.


CENSURA DEMOCRÁTICA

Dirían los viejos del lugar que en tiempos de aquel demoniado dictador, las tijeras de la censura cortaban  escritos y  cabezas.  Pero como de viejos ya quedan pocos, ahora lo  hablarán  los jóvenes de oídas y con pulso político.  Digo pulso por no decir impulso, que en este caso vendría a ser lo mismo.

Pulso, por aquello de ver quien la dice más gorda, o simplemente por marcar terreno, por retar al contrincante, por acallar al de enfrente.   Impulso, por cuanto a la carrerilla que uno toma sin el starting blocks, éstos invaden  carriles y empujan al contrincante que se les ponga delante.  Y no es culpa de ellos, no.  Tienen imagen y semejanza a quien copiar y pegar.

Existe también la autocensura, que más que un auto propio viene condicionado por miedo a un auto judicial que te cante las cuarenta y te imponga el pago de costas y costes siempre que tu comentario disguste al prójimo a quien  te hayas atrevido a mencionar, por muy cierto que sea tu verdad, aunque no comulgue precisamente con  la verdad que ellos siempre fallan.

Pero aquí no va de fallos, sino de no enfadar al prójimo.  Y sobre todo, de quién sea el prójimo. Aunque en algunos casos,  más que censura sea olvido. 

Olvidos como el que da la sensación de que no interesa que sea noticia que muchas plazas a profesorado no se cubran precisamente por no aprobar los opositores el examen. Y la presión para que se baje el nivel de éstas, aunque con ello se pierda nivel en la enseñanza.  O en el caso de la enfermería pública.

También se olvida uno que la presión, esta vez humana,  alcanza números exagerados, pero nadie habla de ponerle  techo, tope o númerus clausus, aunque el número de parados no descienda sino todo lo contrario.   Para algunos les es más fácil masificar que regular, aunque aquellas fotos paradisiacas sean un timo a la verdad.  O que, por ejemplo, vengan foráneos sin trabajo a repartirse beneficios sociales. O a aumentar las penurias propias de los isleños.

En cambio sí es noticia que una exconsellera del Govern estudie emprender acciones contra un tuitero por un comentario a raíz de los miles de euros con que el Govern subvencionó un concierto en el que actuaba un rapero -penado y huido de la justicia-.  En este caso, la crítica vulnera otro derecho que no es criticado por los mismos.  La paja y el ojo ajeno también salen a colación.


Y uno ya no sabe si debe callar o debe acallar.  En ejercicio  a la inteligencia humana, me callo. Cada uno será esclavo de sus meteduras,  no de sus silencios.

PUBLICADO EL 8 DE AGOSTO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.

HABLAR, NEGOCIAR, PACTAR….

Antes que nada he de confesar que sería un mal político. O al menos, un mal político democrático. En cambio, como dictador supongo que tendría cualidades como las tiene todo el mundo. ¿O acaso no se atisban ramalazos dictatoriales en algunas manifestaciones, actitudes y gestos de nuestros políticos?

La siguiente premisa sería la de decantarnos por la necesidad de tener un político o un gestor.¿Queremos un buen político o un buen gestor? Decantarnos por uno u otro, no tiene por qué ser fácil. Es la pregunta de siempre. ¿Un alcalde bueno o un buen alcalde? ¿Queremos como médico a una buena persona o queremos a un buen médico, aunque como persona sea más complicado? Sin duda, queremos y necesitamos a los dos en uno. Aunque por lo visto, es más fácil encontrar a un buen médico bueno, que a un buen político bueno.

Y eso que somos unos cracks en eso de jugar con el orden de los sumandos. Y sino que se lo pregunten a los catalanes con el rollo que se han montado con lo de “políticos presos” y “presos políticos”. Pero bueno, a estos hay que darles de comer a parte, que si uno se descuida, nos quitarán nuestro plato y el de nuestros hijos.

Hablar, dialogar y llegar a un buen entendimiento, parece ser la clave. Pero nadie puede obligarnos a hacernos cambiar de idea, por mucho que entendamos, comprendamos y respetemos las opiniones ajenas. Puedo cambiar de opinión si me convencen, no si me vencen. Añadiría además, si me convencen y me interesa cambiarla. Porque tras dialogar, viene el negociar, no al revés.

Negociar, pactar, llegar a un acuerdo. Y negociar viene de negocio –o al revés-. Y entonces los intereses se superponen a otros considerandos. Pedro y Pablo han dialogado y se han entendido; aunque no hayan alcanzado un acuerdo. Puede que tengan las mismas ideas, los mismos programas. Pedro y Pablo tienen muchas semejanzas. Incluso comparten onomástica. Puede que incluso tengan –seguro que tienen- los mismos intereses. Y aquí está el problema entre ambos. Son intereses propios, personales e intransferibles. Son los intereses de Pedro y de Pablo. De Sánchez y de Iglesias.

De no ser así, cabría preguntarse por qué en la constitución de los gobiernos de ayuntamientos y de comunidades, los partidos que se llaman de izquierda sí han alcanzado acuerdos y comparsas entre ellos –e incluso sin necesidad a veces-. ¿Será que allí negociaban en nombre de los partidos y no de las personas?

Ya se dice que dos galls dins un galliner, mai poden cantar bé.

PUBLICADO EL 1 DE AGOSTO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.

DELINCUENCIA

Que España es diferente, lo sabemos de sobra. Incluso alguno pensará que se protege a los malos cuando son más que los buenos. También sabemos de sobra que la Justicia es un poder independiente y que su imagen aparece con los ojos tapados. Y sobre todo, que no todos van a la cárcel, evidentemente.

Lo triste del caso es que lo que la gente percibe de la legislación española o la interpretación que hacen de ella los encargados de aplicarla, es que se sentencia más pensando en el delincuente que en la víctima. El ejemplo de “la Manada” es suficiente para entenderlo. La sensación que ha percibido el público es que se debía ser lo más justos posible con los culpables. Y en segundo término, con la víctima.

Para el malo de la película no le es lo mismo hurtar por valor de cuatrocientos euros que por cuatrocientos un euros. Como tampoco le es lo mismo hurtar que robar. Vamos, que como siempre, el perdedor en esta comedia sigue siendo la víctima. Y es que el perjuicio que le causarán a la víctima será el mismo, ya sea que le hurten un teléfono móvil valorado en cuatrocientos o en cuatrocientos un euros. Pero claro, la víctima cuenta poco.

Recientemente, Borja ha salido en las noticias por el tema de su condena a prisión por una legítima defensa – y a terceros- mal entendida por el populacho y por la indemnización que tendrá que abonar a la familia del presunto ladrón. También se ha emitido por la televisión un documental sobre los carteristas que habitan los centros turísticos de grandes ciudades. Y en ambas, todos los entrevistados se quejaban de lo mismo: la casi impunidad con la que actúan los delincuentes.

Y no es que el sistema esté más concienciado por la crisis económica, que esa sería otra excusa a tener en cuenta, no. Lo que pasa es que parecemos Hermanitas de la Caridad, en eso de proteger a la sociedad de elementos tóxicos. Ocurre lo mismo con los que conducen drogados y borrachos. Mucha condena sí, pero pocos van a la cárcel.

Y ya no digamos cuando el tema es la otra lacra social, la violencia de género. Las estadísticas elevan el número a muchos detenidos, sí, pero realmente ¿cuántos de estos machistas empedernidos pasan un razonable tiempo en la cárcel?

Igual ocurre con los traficantes de drogas. Que si tantos gramos, que si pureza, que si llegan a un acuerdo con el fiscal….

Vamos ¿que si los políticos son incapaces de llegar a acuerdos en temas que directamente les interesan, cómo van a arreglar temas secundarios para ellos?

PUBLICADO EL 25 DE JULIO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.

UN SENYOR DAMUNT UN RUC

Ocurrió en Gibraltar, pero no era la primera vez que ocurría.  Fue en eso que llaman redes sociales que observé cómo tras ganar el oro individual en bádminton y al subirse al pódium nuestro representante, sonó Un senyor damunt un ruc.  En aquel momento mi memoria me devolvió a aquellas imágenes del barcelonés  Fernando Rubió i Tudurí  con la mano en el pecho, al escuchar los sones de dicha canción. Y de eso ya ha llovido y tramontanado bastante.

Podríamos decir que aquel fue el inicio de la institucionalización o la toma en consideración por parte de la conciencia colectiva de que, o bien los menorquines necesitábamos un himno, o bien aquella canción podría ser nuestro himno.  O ambos.  Y todo ello provocado supuestamente por el propio Rubió.

Lo cierto es que no me desagrada la elección –aunque también debo confesar que me parece una decisión más cómica que meditada-.  Puestos a elegir, también podríamos valorar el Himne a Menorca del maestro Deseado Mercadal. Y voto por este último.

En el Himne a Menorca hay sentimiento, mucho sentimiento. Y eso, queramos o no, es lo que necesita un himno.  Una canción que nos llene y que nos represente.  Que nos diferencie de otros lares y sobre todo, que nos una en lo propio.

¿Y qué es lo propio?  No vale devolvernos al siempre tendencioso juego de enfrentarnos al dilema catalán si, catalán no.  Menorca, por suerte, tiene mucho más bagaje histórico y cultural que Mallorca e Ibiza.  Menorca, por suerte no se parece en nada a Mallorca, ni a Ibiza, y ni de lejos se parece a Barcelona. 

Otra cosa muy distinta es que algunos menorquines tengan un arraigo con Barcelona, una deuda con ella, o quién sabe qué intereses con la Ciudad Condal.  Pero eso ya son asuntos personales, individuales, de círculo cerrado.

Y Menorca es todo lo contrario.  A pesar de ser un territorio cercado y limitado, y tal vez por eso mismo, es un territorio abierto y extensible.  Abierto al exterior, tanto de entrada como de salida. Y por eso mismo, el Himne a Menorca del maestro Mercadal, representa este sentimiento de salida.  De salida física sí, pero también de aquella permanencia perenne en nuestro interior.

Nuestra roqueta siempre perdurará en nuestros corazones, al menos en quienes no tenemos otra patria que no sea la nuestra, la propia.  Es sin duda nuestro ADN menorquín. No hay  prueba más fiable que aquella carne de gallina que se nos pone al oír hablar de Menorca, ya sea en menorquín o en castellano.


Lo otro, simplemente son intereses partidistas.

PUBLICADO EL 18 DE JULIO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.

PERROS, TITULARES Y NOTICIAS

Que el 15-M marcó un antes y un después, está claro. La autoridad ya no es autoridad y además, da la sensación de que se nos alienta a rebelarnos contra el poder establecido. El “no es no” podría ser eslogan para alcanzar el poder. El problema les vendrá cuando ellos sean la autoridad –si es que aún no lo son-. Después, sí que acusarán del delito de rebelión de las masas, que ahora niegan.

Pero hoy no toca hablar ni del 15-M ni de perroflautas, aunque sí de perros, titulares y noticias. Y es que la predisposición a una misma noticia no es la misma si el titular cambia: “policía mata perro” parece diferente a “perro muerde policía”, aunque el cuerpo de la noticia sea el mismo. Vamos, que las encuestas del CIS tras pasar por la cocina, tienen mucho que envidiar de ciertos sectores de la sociedad que viven de subvenciones públicas.

Hace pocos días, un agente de la Guardia Urbana repelió el ataque de un perro que ya había mordido a varios ciudadanos, abatiéndolo en legítima defensa. Ésta y no otra será la noticia. El titular puede variar según sean las intenciones del medio. Y las repercusiones están aún por llegar.

En diciembre pasado, otro agente de la Guardia Urbana abatió a otro perro que se abalanzó hacia él, cuando ya había sido mordido previamente por éste. En este caso las repercusiones ya han llegado. El policía está investigado, el poder local no le respalda y el perro subido a los altares. Y del dueño del perro nadie habla. Quienes hablan son algunos mal llamados “animalistas” para quienes matar un perro en defensa propia, no es hacer un uso proporcional de la fuerza.

Me imagino al nuevo Gobierno con Pablo Iglesias de Ministro para la Cosa Animal, protocolizando las intervenciones de los cuerpos de seguridad ante cualquier ataque animal. Me imagino directrices como las de avisar hasta en tres ocasiones y en forma entendible para el animal de que cese en su actitud. En caso de no responder positivamente a las advertencias dadas, avisar a los servicios psicológicos de atención animal para su presentación en el lugar. Y ya como último recurso, la sedación del mismo mediante dardo somnífero.

Vamos, más partidas presupuestarias del ministerio del Interior, policías autonómicos y ayuntamientos, para la compra de pistolas dispara-dardos. Y el de Sanidad, para psicólogos animalistas. Y el de Justicia, para abogados del turno de oficio especializados en dar defensa al pobre animal.

Con dinero, todo se arregla.

PUBLICADO EL 11 DE JULIO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA.

MÁS POR MENORCA


¿O debería decir Més per Menorca?  Lo cierto es que conozco a políticos de esta agrupación y tengo que hacer un público reconocimiento a sus personas.  Son personas –las que conozco- que nadie les podrá negar su amor incondicional por Menorca. Pausadas, tranquilas, educadas, al menos en los contactos tanto personal como profesional que he mantenido con ellas.  Otra cosa será su día a día en el entramado político, pero eso ya no me afecta.  O sí, pero como a cualquier otro ciudadano.

Por analogía querrás comparar a sus socios mallorquines en eso de nombre, y te asombra que cada uno vaya por su propio camino y por sus propios intereses.  Eso sí, el catalán parece uno de los pocos nexos comunes entre ambos.  Catalán sí o sí, diría un apuesto Pedro Sánchez si tuviera que defenderlo en la intimidad.  Pero de la intimidad no podemos hablar, so pena de vulnerar algún derecho constitucional.  Lo público y lo publicado será  a lo único que uno pueda referirse.

Y me ha sorprendido que las exigencias que los de Més per Menorca  han puesto sobre la mesa para votar la investidura de Francina Armengol hayan sido precisamente cuestiones tan banales y de sentido común excepto el siempre presente tema del catalán-, como si el PSOE de Armengol no pensara desarrollarlas.   Temas tan consabidos  como son  las conexiones aéreas, la educación en todas sus edades, la atención sanitaria para la isla, el reparto de la ecotasa y pocas cosas más han completado estos casi veinte puntos acordados.

Y me ha sorprendido porque son unos temas en la que todos los menorquines independientemente de nuestras debilidades políticas a la hora de introducir la papeleta en la urna, podríamos suscribir.  Son temas de cajón, vamos.  O bien esta negociación es de puro trámite para la foto de rigor o es que de verdad, Mallorca nos tiene relegados a segunda división.

Quienes también me han sorprendido –lo digo por quedar bien- han sido sus –ya no estoy tan convencido- análogos en nombre y  lista, mallorquines.  Los de Més per Mallorca amagan –por quitar fuego al asunto-  con un golpe interno por el reparto del botín de la investidura.  Los de Menorca, siguen sin duda anclados en la negociación a nivel insular. 

Y ya para terminar con guasa el escrito de hoy, me gustaría conocer  la respuesta que daría algún independentista de nuestra tierra, si necesitáramos la intervención de miembros de la UME para sofocar algún incendio. ¿Dirían también que España nos ayuda para que el fuego no les llegue a sus costas?

PUBLICADO EL 4 DE JULIO DE 2019, EN EL DIARIO MENORCA