DE BRIBONES Y FORTUNAS.

Decir que España está llena de bribones y de fortunas, y muchos más de lo que uno se pudiera imaginar en tiempos de crisis, no es revelación de ningún secreto, ni motivo para rasgarse las vestiduras. Y aunque fuera motivo –que lo es- éstas ya deberían estar rasgadas desde hace mucho tiempo, y no de ahora, precisamente.

El título me ha gustado por la coincidencia –vaya casualidad- de que los barcos que han tenido alguna relación en la vida del actual titular de la monarquía española, tuvieran estos nombres. Quince Bribones –en realidad la relación la tuvo con menos, que ya son muchos- y tres Fortunas –vaya por Dios-, son ya demasiados. Aunque eso sí, en unos patroneaba y en los otros, paseaba.

Y el último con que paseó, se jubila. Se jubila, lo jubilan o lo venden –o lo intentarán, dicen-. O al menos, lo apartan de las vistas. Dieciocho millones de euros son muchos millones y no digamos de pesetas. Tres mil millones de pesetas por un yate son muchos millones. Tres mil millones de pesetas por un regalo, es mucho regalo. Y no tan sólo esto, sino el coste del mantenimiento y de la tripulación. Y hablando de regalos podríamos añadir el palacio de Marivent y el coste que acarrea su mantenimiento, pero quienes tienen que decirlo, callan y así seguimos, por los siglos de los siglos.

Y uno piensa con sangre fría -que la caliente hace ya tiempo que se le enfrió- que así, con tales medios, es fácil que le guste a uno el mundillo de la mar. Y de la caza. Y de los viajes. Y de las causas solidarias. Y de representar a España. Y de dar la mano y besar la mejilla al soviético de turno. ¡Que yo también me apunto! ¡Y con menos ostentosidad!.

Y como la cosa viene a tiro, de regalos también hay muchos. Ahora resulta que no tan sólo al monarca se le hacen regalos, sino también a los yernos de los presidentes. En las bodas, claro. ¿Quién no ha hecho algún regalo de boda en su vida? Pues eso. ¡Que uno ya no tiene vestiduras que rasgarse!. Y eso por no hablar de sobres. ¿Quién no ha recibido alguna vez un sobre con dinero? Yo mismo, en Navidades, cuando de pequeño –y de mayor también- cuando me daban el “aguinaldo” en casa de mis abuelos, muchas veces me lo daban en un sobre. ¡Y no lo declaraba a Hacienda!. Ni tampoco eran tan abultados, todo hay que decirlo. Y una vez al año y no cada mes. Y sobre todo, dinero restado de sus pocos ahorros y ridículas pensiones, que todo hay que decirlo.

Y no fueron precisamente los regalos a los yernos, ni los sobres que nunca vio ni supo –eso al menos dice- el ex presidente José María, lo que acaparó los titulares de los medios, sino sus ganas de volver. O de minar el casco de la nave de Rajoy. Y suerte tuvo que Rajoy es gallego y practica de serlo. Que si llega a ser vasco o asturiano, le canta las cuarenta y lo manda a freír espárragos a Oropesa. Pero él mismo se lo guisó, como Juan Palomo. Y las filas se cerraron en torno a un Mariano que ganó enteros sin decir nada –ya estamos acostumbrados a ello- , y dejaron en su sitio -en el retiro también- a un José María ya sin imagen y sin bigote.

Y una retirada es una victoria, aunque pocos la practiquen. Pocos he conocido, que tras el momento oportuno, se hayan retirado de la esfera pública y hayan dejado paso a nuevas generaciones. Tal vez por ello, por ser pocos, se les reconoce y se les aprecia por ello. Tanto en la política como en el ámbito profesional. El reconocimiento tiene que recibirse, no buscarse.


También es cierto, que algunos que figuran en las enciclopedias, en las hemerotecas y en las galerías de gente ilustre, fueron a buscarlo. Otros en cambio se lo ganaron perseverando en el quehacer diario. Y aquí está la diferencia de quienes sencillamente trabajaron el producto y quienes se aprovecharon de él. De los honrados. Y de los bribones, por qué no, de los afortunados.

PUBLICADO EL 28 MAYO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.  

¡QUE VIENEN LOS RUSOS!


Pues bienvenidos sean los rusos, los checos, los italianos y los alemanes incluso.  Que por algo somos  tierra hospitalaria.  Hospitalarios y algo ingenuos, todo hay que decirlo.  Y es que a muchos nos intentan vender la moto, el casco y si no estamos al loro nos venderán  hasta la pegatina.  ¡Y el trapo que hace  de manillar!.

La noticia tuvo –y seguirá teniendo-  todos los parabienes.  No el inversor ruso, sino la clase media alta –altísima, más bien-  de aquella antigua potencia ponía sus ojos –y su dinero-  en algunas fincas necesitadas de comprador.  Para algunos, era una gran noticia.  Para otros, será una noticia indiferente.  Mientras, un balón de oxígeno alarga la existencia a los expedicionarios societales,  buscadores de varitas mágicas que hagan el milagro de la recuperación económica.

Sin duda, me hace falta quien me asesore al respecto.  Mis conocimientos inmobiliarios son escasos, sino nulos.  Y sobre el turismo, más aún.  Aún así, me atrevo a posicionarme y por qué no, decir la mía.  Bienvenidos sean de nuevo ellos y su capital.  Pero, ¿a quién beneficia su dinero?. 

Decir que se creará empleo gracias al  inversor que compra una vivienda en Menorca, es falso.  El dinero que invertirá en la compra de la vivienda irá directamente a manos del antiguo propietario, de la inmobiliaria si la hubiere y del erario público vía impuestos.  Y nada más.  Otra cosa sería que en vez de comprar fincas, se compraran terrenos.  Y que en ellos se pudiera construir.  Y que la empresa  constructora fuera menorquina.  Y que sus trabajadores, también.

Y ya no digamos si la nueva construcción fuera un complejo turístico, zona de ocio o alguna empresa innovadora.  Y que sus trabajadores –o parte de ellos- fueran autócton@s. Pero las noticias no parecían ir encaminadas hacia este futuro tan encantador.

            E incluso vendrán turistas de visita.  ¡Bienvenidos sean también ellos!.  E incluso más.  Que de ellos, las ganancias -aunque menores-  podrán verse más repartidas.  Y crear, o al menos mantener, más empleos.  Pero tampoco hay que llevarse a engaño, ni soltar globos ni marchas reales.  La infraestructura suele venir del propio país de origen. Y cuidado con vendernos  infraestructura,  que los dineros viajan de regreso o van hacia otros paraísos, que de eso, también sabemos.   Las compañías aéreas y los tour operadores también  suelen ser del país de origen.  Los guías turísticos –o parte de ellos- también.

            Y hemos perdido el tren.  Y cuidado ahora con perder el autobús, la moto y la bicicleta.  Nos falta infraestructura propia por desidia de tiempos pasados.  De haberla tenido –la infraestructura, no la desidia-, sería ésta la que recaudaría beneficios.  Y éstos, los beneficios, quedarían en suelo patrio. O no. Quien sabe.

            Y de innovadores será el futuro, al menos eso nos venden.  Pero nadie innova, o al menos, nadie diversifica, nadie crea ni siquiera ideas.  ¿Por qué no hacer una fábrica de fideos, de albaricoques en almíbar o de motos eléctricas?  La excusa será la carestía del transporte, sin duda.  ¿Y el turista, no viene en barco  o en avión y tampoco se les abarata?. 

            ¿Por qué tanta desidia en el tema de abaratar los transportes? ¿Faltará asesoramiento, interés o simplemente es que interesa mantener los beneficios?

            ¿Será que hablamos en ruso?

PUBLICADO EL 20 DE MAYO DE 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

¿SALVAR A ESPAÑA O A LA MONARQUÍA?


O las dos juntas.  Que la economía de España está en estado crítico, nadie lo puede negar, y que la monarquía, como institución, más aún, tampoco.  Por eso no me sorprendió el último movimiento de piezas en el tablero.  La excusa siempre es buena, el motivo dirán.

La reaparición pública del monarca tras el periodo de baja laboral o de  incapacidad temporal transitoria, fue el momento adecuado para salvar a España.  O a la monarquía.  O a las dos.   Las interpretaciones que pueda cada uno hacerse al respecto, son sin duda la mejor respuesta al barómetro societal  y sin necesidad de acudir a los datos del CIS.

A la pregunta que podríamos  hacernos de por qué tardó tanto el monarca a llamar   al consenso para salvaguardar los intereses de los súbditos, no sabe no contesta. No sabe no contesta, porque la mayoría del votante de a pié, hace tiempo que pide unión, consenso, determinación.  No sabe no contesta, porque la mayoría del votante de a pié, hace tiempo que observa una especie de  inactividad, pasividad,  dejadez...., por parte de las instituciones del Estado en corregir  esta maltrecha economía.  Y tampoco es excusa que estuviera de baja, porque mucho antes de aquella cacería por lejanos territorios,  la sabana hacía tiempo que nos la habían prometido verdosa y húmeda.  Y ni verdosa ni húmeda.  Ni sabana tampoco.


Y es ahora, cuando uno ya quita las mantas, el nórdico o el edredón,  cuando la televisión pública abre sus puertas al monarca y entra por  las ventanas de nuestras casas para vender el producto.   A uno le falta la sintonía del NO-DO y alguna inauguración de pantanos, pero poco falta.  La conspiración judeo-masónica con Ángela Merkel  y los dirigentes del FMI, ya los tenemos en nómina desde hace años.  Y la literatura del género del Lazarillo de Tormes,  en los titulares del Mundo y del País.

Y de abdicación, nada de nada, que quede claro.  Tanto para los súbditos como para el heredero. La válvula de escape, la cortina de humo que podría desviar muy mucho los problemas de la monarquía, se esfuman.   Pero no.  El monarca juega fuerte y el enroque ha sido activado.

 La infanta seguirá siendo hija del titular de la corona.  El mensaje es claro.  El duque destinado a Catar y la princesa no imputada.  Y los amigos extranjeros del rey, ayudarán a España.  Y uno sigue preguntándose, ¿Por qué no se hizo antes? ¿Acaso no estábamos suficientemente hundidos? ¿O era la monarquía la que aún no había tocado fondo?

Por lo visto, la monarquía ha vuelto a ganar enteros gracias a  los presupuestos de la televisión pública.  O sea, nuestros dineros. 

¡Ahora sólo falta que la corona cotice en bolsa!

PUBLICADO EL 10 MAYO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

TAL COM SONA


Tal como suena, pues si.  Así empezamos a hacer nuestros pinitos escritos en nuestra propia lengua quienes, carentes de cualquier conocimiento en ortografía catalana-balear-menorquina,  nos subimos al carro de lo nuestro.  Por el camino nos encontramos con gente que  se dedicaban en cuerpo y alma al estudio de la ortografía catalana para relanzar eso mismo, lo nuestro.  Pero cada uno siguió su camino.

Unos –los otros-, derivaron hacia el catalán estándar, mientras que los otros –nosotros-, sin reglas ni nada que se le pareciera, reinventamos el menorquín –ni si quiera llegó a ser balear- particular de cada uno.  Y allí empezó el lío.  Lío, confusión y como no, intereses políticos.  La cultura entraba de lleno en la cuestión política. El idioma se unía al territorio, y viceversa.  El catalán-idioma se intentó asimilar al catalán-territorio.  Y allí fue donde se empezó a perder parte del contingente.

El divorcio se interpuso, ya no por cuestiones culturales, sino políticas.  “No éramos catalanes y por tanto no hablaríamos catalán”, parecía ser el eslogan.  El tiempo, la ambigüedad de la norma estatutaria, la imposición hecha necesidad y como no, el adoctrinamiento en las escuelas, hizo que la balanza tomara partido por el catalán estándar y en detrimento de nuestras propias raíces.  Y así hemos vivido años y años, en compañía de un castellano discriminado, arrinconado, residual más bien.



En su momento, el catalán también hizo de selección natural.  Facilitó a quienes en su inicio apostaron por él, un acceso a la ocupación pública.   El acceso a la administración pública requería de él.   También sirvió, bien como filtro de entrada de nuevas culturas, o simplemente como medio de integración de éstas en la nuestra.

El decreto de mínimos imponía –según dicen- un cincuenta por ciento del tiempo lectivo en lengua catalana.  La realidad del mínimo fue del máximo, y aún hoy, el ochenta por ciento del horario lectivo suele ser en catalán.

Pasan los años y se cambian tendencias.  Ahora, el catalán ya no es requisito, aunque si tiene su mérito.  El mínimo sigue sacando cuerpo y medio o dos en la carrera y difícilmente dejará opción de revancha. 

Ahora, la crisis favorece que entre en competición el idioma extranjero –afortunadamente al castellano aún no se le ha calificado como tal- y saltan las alarmas.  O las hacen saltar.  Todos juntos en unión, parece ser  el eslogan actual.  Repartir horas lectivas parece  no ser la intención de parte del profesorado.  Y la excusa,  el ataque a la lengua catalana.  La realidad, como siempre, pueden ser varias. O ninguna de ellas. O todas.
 Y entre ellas estará la necesidad del conocimiento de la lengua extranjera entre los docentes deberá ser barajada.  El tal vez repartimiento más homogéneo entre ellas, también. La crisis con sus recortes, puede.  La implicación política, también puede. Todos contra el idioma extranjero. O contra el castellano. O a favor del catalán.  No saben no contestan.


Aparece en escena la Acadèmia de sa Llengo Baleà. Y a uno le sorprende.  Agradeces que palabras como “agarrotar” –parecidas en catalán y castellano- tenga su igual en el término “engalavernà”.  Y como así, muchas.  Y por ello ya te alegras el haber visitado su página Web.  Y te sigue sorprendiendo hasta el punto de que te avergüenzas del típico “tal com sona”.  Porque de sonar, no es que suene mucho. Desafinado tal vez.

Y a uno, lo que de verdad le preocupa, no es que las matemáticas se estudien en inglés, o que la asignatura catalana se estudie en castellano, por ejemplo. Ni el tanto por ciento de una más que la otra.  Lo que a uno le preocupa es que por desconocer inglés se pueda suspender matemáticas o también por eso mismo, por no saber castellano, se suspenda la asignatura de catalán.  Y tantas otras variaciones posibles.  Con repetición o sin ellas.

Aunque otros dirán, con mucho más razonamiento, que antes de aumentar asignaturas, antes de inventar tantos por cientos, valdría más consolidar las existentes  O lo que es lo mismo, “recortar” el elevadísimo fracaso escolar.  Y no les faltará razón.


PUBLICADO EL 7 MAYO 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

EL QUERER Y EL PODER


Cierto es que las estadísticas suelen ayudarnos a tomar decisiones. Y aunque las estadísticas se diferencien de las encuestas, también es cierto que éstas pueden ser deliberadamente dirigidas hacia la opinión que interesa al promotor de la misma. Hacer una pregunta u otra, hacerla en un determinado momento, o dejar de contabilizar alguna variante o vector, nos mostrará una realidad no real. Los datos serán ciertos, pero no serán todos los datos.
La tensión o el susto de cada viernes, debería ser analizada con datos estadísticos en la visita a los centros de salud. Conocer si tras cada decisión tomada por el Consejo de Ministros, aumenta o disminuye la visita a los servicios de urgencias, sería una variante a tener en cuenta para conocer el estado real de la población ante las decisiones de nuestros gobernantes.
El pulso no basta tomarlo en la calle, sino en el propio individuo. El miércoles pasado me invitaron a una reunión de clientes de un conocido centro comercial menorquín. Era una reunión en pequeño comité. Siete en total. Era la toma del pulso al cliente. Conocer sus inquietudes, sus necesidades, sus porqués, y sobre todo, sus opiniones. Sus críticas, vamos.
Una hora y media de hábil interrogatorio. Hora y media de contacto con gente que trabaja para crear empresa y a la vez, para satisfacer al cliente. Porque eso lo tienen claro. Como en la selección del personal. No todos sirven para atención al cliente. No todos cumplen el perfil adecuado. Ni todos sirven para mandar, ni todos sirven para servir. Teniendo contento al cliente, ganamos todos: cliente, empresario y trabajador.
Coincidimos los siete en las mismas líneas generales. Valoramos positivamente la limpieza, la luminosidad y el buen trato. Y aunque parezcan conceptos básicos, irrenunciables en cualquier establecimiento que se dedique a la venta al público, estos mismos valores son los que a veces notamos a faltar, juntos o por separado, en comparaciones a la competencia.
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Llega el viernes y la amenaza de algunas futuras medidas no deja de planear sobre nuestras cabezas. Un bulo corre como la pólvora. Al final, no deja de ser una broma de algún hartado de la política. El Gobierno decide expropiar el cincuenta por ciento del capital de las aportaciones a los planes de pensiones. El cincuenta por ciento restante lo mantiene en las entidades bancarias, mientras que de su parte expropiada, mitad lo recuperará el beneficiario, y la otra mitad se lo queda el Tesoro. Un bulo, nada más. Un disgusto terrible para quienes están a punto de la jubilación. La alarma se desmiente al instante, pero allí queda. Y con un ruego: “que no se entere el Gobierno”.
Y pasado el susto, nos queda la mosca. Y detrás de la oreja. Nadie del pueblo llano entiende qué ha pasado en el Consejo de Ministros. Nadie de los comparecientes habla de recortes. Nadie habla de impuestos o gravámenes. Esta vez no aplazan la edad de la jubilación, sino que aumentan el porcentaje de paro y como no, los años en salir de la crisis.
Los brotes verdes siguen siendo un espejismo. Y lejísimos. La barrera de los años catorce, aumenta. Llegarán los años dieciséis y aún estaremos buscando aquellos dichosos brotes socialistas. Y la mosca sigue volátil.
Sospechas que algo gordo se está tramando. ¿No habrán sido capaces de hacerlo todavía público? Te escuece no tener información. El barco está a la deriva. Sigue estando a la deriva. Desconoces si han mandado algún S.O.S o si es que no hay cobertura. Desconoces si estamos al día con la póliza de seguros. Desconoces sobre todo si el patrón de la embarcación tiene actualizado su titulación. Y si los oficiales de a bordo obtuvieron el título en alguna tómbola. Tus cábalas siguen y seguirán sin respuesta. Y esto no te tranquiliza.
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Quieres echar un capote. Les brindas la oportunidad de ser oído. Ya no sabes si estás afónico o es que te hacen oídos sordos. No les preocupa lo más mínimo. Son seres superiores y te ningunean. O al menos, se lo creen. Ellos deciden. Los unos y los otros. Y los demás. Son relativamente muchos más de los que te creías al principio. Son el poder. Los poderes, vamos. Y del Estado. Y de la economía. Y de Europa. Y del mundo. ¿Cómo quieres que te escuchen?.
Tu ignorancia no acabó de entender la última comparecencia. Bruselas decidirá. ¿Por qué tener un Gobierno, un parlamento, y un monarca en España si al final quien decide nuestro futuro es Bruselas? Te resistes. Quieres seguir siendo nacional de España, como la radio, vamos, y te das cuenta que eres vasallo de Europa.
Te inspiras en el miércoles pasado y te imaginas un pequeño comité hablando con el presidente Rajoy. Te imaginas las opiniones dispares, pero también las coincidentes. Buscarías culpables de la crisis. Pediríais responsabilidades, sanciones y dimisiones. Pediríais responsabilidades por tanto sobre ilícito y por tanto sinvergüenza suelto. Y también pediríais que se rodeara de gente entendida, sabia. Que de haberlas, haylas.
Está claro que el equipo pierde. Y por goleada. El portero, el delantero, la defensa o el equipo entero, falla. O el entrenador por mala alineación. O la junta directiva por no incentivar al equipo o por no sufragar algún refuerzo. Pero alguien falla. Si el norte funciona, el sur, también debería funcionar. O nos posicionamos al norte. Como aquellos que en su día inventaron aquella frase de que “no retrocede, da media vuelta y sigue avanzando”.
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Avanzar y no retroceder. Me posiciono en Menorca y me imagino los campos cultivados, los pastos llenos de vacuno y bovino, los frutales de inmensa flor. Me posiciono en el resto de España y observo fábricas en construcción y trabajadores que empiezan a fabricar el producto nacional. Frigoríficos, lavadoras, secadoras, cocinas y extractoras con nombre español. Me imagino turismos, ciclomotores, motocicletas y camiones también con linaje español. ¿Qué necesidad tenemos de invertir en tierras extranjeras?
Retrocedo al miércoles pasado. Observo producto menorquín, que vende en Menorca y con capital menorquín. Y con beneficio Menorquín. Y también solidario. ¿Por qué no ser solidarios con nosotros mismos?
Nos falta iniciativa. Nos falta sangre y nos sobra horchata. Sangre menorquina y española. Y formación. Ya no hay mecánicos ni aprendices. Hay cambiadores de placas, técnicos, ingenieros y oficiales de tercera. Nos hacen falta peones, circuitos y condensadores y nos sobran placas y circuitos integrados.
Y saber escuchar. Y bajar de las nubes. Y pensar que los de abajo, el pueblo llano, siguen siendo personas. Personas honradas, incluso. Padres y madres de familia. Hijos y nietos. Criaturas humanas.
Y falta sentido común. Y sentido de la responsabilidad. Que seis millones son muchos millones por mucho que la Merkel y sus socios digan lo contrario. Que seis millones son ejército. Un ejército hambriento y sediento de justicia. Y no veo a responsable alguno enjuiciado. Sólo leo argucias legales, recursos y aplazamientos.
Nadie dice nadie contesta. El equipo del Banco de España no habla. Y si habla no dice. Y si dice, nadie se entera.
Me vuelvo a posicionarme en mi Menorca. Me imagino campos estériles y rocosos sembrados de placas solares. Molinos que giran y giran. Me imagino independiente -energéticamente hablando- del país galo. Pero no, siempre encontraremos razones, excusas, intereses, para que nos frenen ser nosotros mismos. El poder, siempre el poder.
El poder, y no querer.
El querer, y no poder.


PUBLICADO EL 30 ABRIL 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

¿QUÉ FUE PRIMERO, LA ROSA O EL LIBRO?


Como lo del huevo y la gallina, vamos.  Y a la pregunta habrá también que delimitarle el espacio físico al que nos referimos.  No es lo mismo referirnos al territorio de Cataluña que al de Cuenca o al de Menorca, pongamos por caso.  Y por supuesto, los genes, la sangre, o el apego a nuestra roqueta, dejan la sentencia clarificada.
Está claro que en la fecha del 23 de abril, convergen dos conmemoraciones  y dos intereses.  Por un lado, la  muerte de los escritores Miguel de Cervantes y de Shakespeare, y el respaldo de la UNESCO, que en 1995  lo declaró como el Día Internacional del libro y del derecho de autor. Y por otro, lo de Sant Jordi, con el dragón, la princesa y la sangre que regó aquella tierra de la que brotó una rosa de color rojizo.
 Pero de escritores, ni uno, ni el otro. Resulta que el único  conocido entre el mundo de las letra y de las palabras escritas, de las frases y demás,    que se murió un 23 de abril fue Josep Pla, y eso  ya en el año 1981, cuando los libreros ya salían a la calle con descuento incluido. 
Y es que Miguel de Cervantes según dicen por ahí – o sea, por la red  esta que hace milagros y nos agiliza el tiempo cronometrado- falleció un día antes, aunque eso sí, su entierro fue en la fecha dicha.   Y de Shakespeare pues otro tanto,  parece que su calendario era juliano -que nada tiene que ver con el marido de la cebolla- y por eso dicen los gregorianos que  debió  fallecer a principio de mayo.  Pero ya se sabe, que para no disgustar ni a España ni a los súbditos de su graciosa majestad, pues juntamos fechas y todos contentos.
¡Otro gallo hubiera cantado si Shakespeare hubiera sido súbdito de la señora Merkel!. No hubiera habido ni san Jorge, ni sant Jordi, ni nada que se le pareciera, que hubiera terciado por él.  Y es que  los designios de la señora Merkel son inescrutables.  A lo mejor, incluso el tiempo atmosférico de mayo hubiera complacido más a los libreros que este suelo mojado de abril sí, abril también.
Aunque para ser justos, habrá que decir que en esto, al menos España se adelantó.  La España entera, la del año veintiséis  del siglo pasado, claro, cuando se estableció que fuera el día 7 de octubre -fecha que se creía que lo era del nacimiento del padre del Quijote-  la festividad del libro español.  Y el culpable de todo, un valenciano, y por más inri, apellidado Clavel.
Y cuando ya tenemos el libro justificado, van y aparecen las rosas.  O Sant Jordi, que dirán los catalanes.  Y su leyenda, que por cierto, fue muy anterior a los Cervantes y Shakesperare unidos.  Y todo lo demás, ya vino rodado.
Al cambiar de fecha, al cambiar octubre por abril, los catalanes ganaron por goleada.  Y las floristerías no digamos.  Y yo me pregunto, ¿por qué no regalar  claveles en vez de rosas? ¿Por qué no reivindicar la rosa en honor al apellido de quien propuso tal celebración?
Y razones muchas y variadas, o ninguna, vaya  usted a saber. Bueno, una al menos.  La rosa es más cara y por ende, hay más negocio. El clavel más barato y más español del sur.  Y la leyenda.  España en esto de las leyendas, no se pierde ni una.  Y si Sant Jordi mataba al dragón y de su sangre manaba una rosa roja, pues no digamos.  Y si la agraciada era  una princesita  del cuento de hadas, más que mejor.
Y a todo esto, seguimos retrocediendo en el tiempo.  O al menos, podríamos hacer una crítica de ello.  La amada regala un libro al hombre, y éste le corresponde con la entrega de una rosa.  O al menos, así se nos vende.   Y así  el machismo continúa. ¿Por qué no cambiar la leyenda y que  entre ambos se regalen  libros, cultura al fin y al cabo? 
O más aún, un libro y una rosa. 
Y esto no lo he inventado yo, lo ha inventado Araceli, quien  estos días te regalaba una rosa por cada libro que adquirías.  ¿Cuándo veremos que al comprar una rosa se nos obsequie con un libro?
En este caso, sin duda  lo primero fue el libro.  La rosa vino después.

PUBLICADO EL 24 ABRIL 2013, EN EL DIARIO MENORCA.

SE BUSCA FANTASMA PARA LA ISLA DEL REY.


Primeramente pedir disculpas al Teniente General Alejandre, dado que el título de este escrito salió a colación en una conversación que mantuvimos el pasado domingo en la Isla del Rey, él como “alma mater” de todo lo que se guisa en aquel entorno peculiar sito en el interior del puerto de Mahón-Es Castell y yo como simple acompañante de unos invitados.

Era la segunda vez que ponía los pies en aquella isla. La primera, varios –pocos- años atrás, en una excursión programada por las iglesias del Carmen-Santa Eulalia y San Francisco. Ésta, acompañando al Coro del Deixem-lo-Dol del Centre de Cultura de Es Castell. Paula, Cristina y Josebi son miembros “cantaires” de dicho coro y no había que desperdiciar la ocasión, primero para volver a oírlos cantar, y segundo para volver a visitar tan emblemático lugar.

Llegamos a bordo de la lancha de la isla sobre las diez de la mañana de un soleado domingo. Tras escuchar y aprender de las explicaciones del anfitrión, se te abre el apetito de rebuscar en la historia y de consolidarla. No puede ser de otra forma. En poco tiempo, como si el tiempo apremiara, aparece en escena una visión docente, instructiva e histórica, de aquellos edificios, de aquellos tiempos, de aquellas personas y de su convivencia, forzada tal vez, convivencia al fin y al cabo. Empiezas a captar aquel mensaje que habita en aquellas gentes que, domingo tras domingo, restan unas horas de vida familiar para contribuir a un ideal comunitario. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Visita y oído al canto. Del Deixem lo Dol, claro. Bajo la magnífica dirección del maestro Tóbal Torrent, “las cobles” de la composición de Joan Pons Preto se hacían oír en aquella capilla, seguidas de “La Sirena”, “Sa Finestreta”, “Sa balada den Lucas” “Sonrisa de Menorca”, “Coros de Nabucco”, “Ball de rams”,… Allí, el tiempo se paró. Por unos instantes, aquellas tres generaciones vocales, habían puesto cadenas y candados a las manecillas de los relojes. Daba la sensación de que el tiempo era ajeno a nosotros, pero no, el horario debía seguir su curso. Los viajes de retorno tenían su hora y el desayuno nos esperaba para que lo degustáramos. No podíamos faltar ni a lo uno, ni por supuesto, a lo otro.

Si más arriba volvía cientos de años atrás y comentaba sobre una tal vez, forzada convivencia, actualmente te encuentras una convivencia que no entiende del término “forzado”, ni de clases sociales, ni de intelectualidades. Son como los actores de Fuenteovejuna. Profesores, farmacéuticos, doctores, ejecutivos bancarios, militares, mecánicos, bisuteros, auxiliares de clínica y empleados de limpieza, funcionarios, jubilados…, todos hacen comunión en un mismo ideal. Son los amigos de aquel islote. Y son simplemente eso, amigos.

Y organizados, claro, bajo la batuta de otro director de escena. Te encuentras con la preservación del medio, aislado y conectado a la vez. Utilizando los adelantos de la técnica y suficientemente distanciado de la civilización a veces dañina, aquel islote es como un oasis en medio de un desierto de incomprensión, del individualismo societal, de enfermedades cada vez más de espíritu que de cuerpo. Y sus amigos, unos maestros conocedores de su entorno, su historia, su fauna y su vegetación.

Se nos habla de su torre central, divisora de la de la Mola y de la des Castell y del Palau Oliver. Y de otras. De las cisternas, de sus recogidas, de sus canelones. Por un momento te olvidas de los nitratos y de los cinco céntimos de más que te costará la botella del supermercado. Recuerdas que no hace tanto, aún utilizabas la de tu casa. Y de que aún observas en el patio, aquel còssil utilizado cuando las lavadoras aún estaban por inventar o era un lujo que en aquellos tiempos de crisis continua, tu hogar no se podía permitir.

Y en éstas que propones que se celebren bodas, convites, comuniones…, que se explote con todo tipo de celebraciones –dentro de un orden, claro-, tal como la Mola, aquel islote. Descartas el uso sectario, tal como ocurre con el Lazareto. La respuesta no se hace esperar. Todo está pensado. Y se andará. Se te hace un boceto de proyectos, que te hacen ver que tenemos la guerra ganada, batalla a batalla, sí, pero ganada.

Y te falta algo al proyecto. Te ves rodeado de las historias del Golden Farm, del Hostal del Almirante, de la antigua Residencia Virgen de Montetoro… Y no lo dudas. Te falta un fantasma. Un fantasma que recorra aquellos corredores en noches de tramontana, de luna llena y de llovizna golpeada. Un fantasma, una historia, una intriga, que añada morbo a aquel hasta ahora islote, ahora ya proyecto futuro.
Luego, sólo será cuestión de márquetin. Y de dinero, por supuesto.
De momento, el banco y la tetera ya están en tierra firme. El fantasma, por allí suelto, o deambulando en alguna mente retorcida. Quién sabe.

PUBLICADO EL 16 ABRIL 2013, EN EL DIARIO MENORCA.