FELIZ AÑO 2022

Uno ya duda de todo. ¿Seré racista si felicito el año nuevo en estas fechas?  Porque claro, las fuerzas políticamente correctas están mirando con lupa todo lo que hacemos, decimos y quien sabe si incluso lo que pensamos.

Si para unos la Navidad no existe y para otros no es inclusivo felicitarla, es de suponer que, con el cambio de año y teniendo en cuenta que otras culturas lo celebrarán en fechas dispares, pasará un tanto de lo mismo.  Bueno, al menos no creo que nadie niegue que en algún momento la Tierra habrá completado la traslación al Sol.  O tal vez sí, vaya uno a saber.

¿Tendré que esperar a que El País diga lo suyo para saber si me he comportado políticamente incorrecto o si por el contrario he sido buen chico y no he incumplido ningún código de la decencia inclusiva?  Pues va a ser que no.   Diga lo que diga El País, seguiré pensando que cada vez son más poderosos quienes intentan convertirnos en unos auténticos gilipollas andantes.  E intentaré, con todos los medios habidos y por haber, que este virus, el de la ignorancia racional e intelectual, no me infecte. Y para este nuevo viejo virus no hay vacuna.  Ni está ni se la espera. Ni interesa, tampoco.

¿Qué nos deparará este 2022?  ¿Nos invadirán los extraterrestres? ¿Qué nos dice Nostradamus? ¿Son buenos los augurios para el nuevo año? ¿Ganaremos la batalla al Covid-19?  Sin duda, deberemos esperar al 2023 para contestar a todas estas preguntas con seguridad y no hacer un Fernando Simón.  Pero una cosa es intentar predecir el futuro y otra muy distinta es desear que este futuro sea mejor.  Y ahí estamos.

¿Habrá unidad y diálogo frente a la división y el enfrentamiento, tal como deseaba el monarca en su mensaje navideño?  Pues no.  Eso lo sabemos todos -y sin necesidad de ningún master- que mientras los políticos -tanto en el gobierno como en la oposición- estén capitaneados por los actuales cabezas de lista, nada de nada.  Ni por segundas ni terceras divisiones.  Todos están contaminados del ego enfermizo.  Hay demasiados ególatras e intereses partidistas y personales dentro de las instituciones, al frente de las administraciones y, sobre todo, al mando de una nave que ni es nave, ni se siente como tal.

Faltará mucha limpieza y depuración y, sobre todo, ilusión.  Crear de nuevo la ilusión.  La del niño.  La del adulto niño, por supuesto.

Pero mientras el pueblo llano, el votante, no se libere de tanto odio y rencor que nos inyectó Zapatero, los jerarcas seguirán haciendo de las suyas.

Bon Any a tothom.


PUBLICADO EL 30 DE DICIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA 

FELIZ NAVIDAD

Cada año por estas fechas suelo terminar el escrito de marras con la salutación de Bon Nadal y me quedo tan pancho.  Ni que decir que los escritos a los que me refiero son de lo más variopinto, vamos, que tanto me da criticar al payaso de turno como alabar al que da las horas con martillo incluido.

Este año va a ser diferente.  Sí o sí voy a felicitar la Navidad, pero no a todos eso también lo tengo claro. No me gustaría que nadie se ofendiera por felicitarle la Navidad a quien no cree en ella, o sencillamente a quien no quiera celebrarla.  Vamos que, de inclusivo, nada de nada, pero de provocador, menos aún.

Y ya pueden decir misa -vaya uno a saber en qué rito la harían- los de la Comisión Europea que a un servidor no le cambian el chip por decreto ni mucho menos con coacciones de políticamente incorrecto, porque si una de las cosas a las que me he adaptado a los nuevos tiempos es precisamente que “me la suda” lo que piensen y digan de mí.

Tampoco soy de los que para defender sus posiciones sacan a colación la paga extraordinaria ni los regalos de Reyes.  Y no lo hago sencillamente porque no tengo por qué defender ninguna posición, será mí posición, libre e independientemente elegida a cada instante.  Y el día que quiera cambiarla, quiero ser libre para hacerlo. ¡Faltaría más!

No tengo por qué convencer a nadie y al mismo tiempo estoy abierto a escuchar los argumentos de los otros si así me parece oportuno.  Y si los argumentos ajenos me convencen y mis intereses me lo recomiendan, los aceptaré como propios. Y me adaptaré a ellos. O me los adaptaré a mí. Y sino, pues tan panchos de nuevo.

Todo tiene un mismo denominador común, que no es otro que ir contra la religión católica. De tapadillo, eso sí. Lo vivimos cada año en las fiestas patronales de Mahón.  De un plumazo dejaron de ser las fiestas de Nuestra Señora de Gracia -o de la Mare de Déu de Gràcia- y pasaron a ser las fiestas de Gràcia, un “copia y pega” de las que se celebran en el distrito barcelonés del mismo nombre.  ¿Tomaron esta decisión para no ofender a quienes les gusta la fiesta, pero no los actos religiosos? Aunque bien pensado, en aquellos años aún no habían inventado el término “inclusivo” en el lenguaje.

¿Y quienes van a Sant Joan, son católicos?  Sant Joan es otra historia.  Es otro solsticio.  Otra decisión salomónica entre primos.  ¿Dónde está el chulo que le quita el santo al nombre de la fiesta, si no son capaces de solucionar el tema de las mujeres?

Y se me acaba el espacio. Bon Nadal.


PUBLICADO EL 23 DE DICIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA. 

CATALIBANES

Si algo hemos aprendido en las últimas décadas es que las leyes están para cumplirse siempre que sean de nuestro agrado.  Los españoles -y asimilados- nos diferenciamos del resto de humanos en que somos más chulos que un ocho, aunque eso sí, dependiendo de quien sea el sujeto y el tema del incumplimiento, la respuesta será distinta.

No será lo mismo defraudar a Hacienda que “okupar” una vivienda.  Tampoco será lo mismo el tirar adoquines a un cordón policial que el pasearse delante de un chalet en Galapagar, como tampoco lo será el criticar e incumplir las normas que fomenten al castellano o que sea el catalán el fomentado, pongamos por caso.

Sin ir más lejos, la semana pasada se vivió en Canet de Mar otro episodio de odio hacia la democracia. Incluso hubo la presencia de un representante de la Generalitat apoyando las muestras públicas contrarias a la normativa.  O lo que es lo mismo, practicando una especie de escrache para presuntamente coaccionar a quienes pretendan exigir que se cumpla la norma democráticamente establecida.

Vamos que, si el incumplimiento de la norma se hubiera realizado por el gobierno de Ayuso, ésta no se libraría de ser calificada como fascista tanto en los medios de comunicación como en el arco parlamentario, mientras que cuando el incumplimiento lo realiza la Generalitat de Cataluña, los fascistas son los otros. ¿Qué diferencia hay entre un nacionalismo y otro? ¿Acaso los nacionalismos no tienden al fascismo y al odio hacia el diferente? ¿Pueden ser calificados los nacionalistas catalanes como fascistas?

Pompeu Fabra dictó las normas del catalán moderno y lo que es la vida, sin hacer un referéndum entre los habitantes de habla “catalana”.  Lo dictado -de ahí viene dictadura- por Pompeu Fabra se institucionalizó como la biblia del catalán y asimilados.  Vamos, que lo que acuerde una institución catalana es de obligado cumplimiento en Baleares.  ¡Y un carajo!, faltaría añadir.

Y nosotros, los baleares, que acarreamos con nuestra mochila de traumas lingüísticos a cuestas por la vida, apostamos por lo fácil o lo que es lo mismo, subirnos a la teoría de los otros. ¿Por qué renunciamos de lo propio, o sea de Antoni María Alcover? ¿Por qué no aupamos la figura de Alcover en vez de seguir los dictados de los peninsulares?

Sencillamente porque Alcover hablaba de lengua mientras Pompeu Fabra de política.  Vamos que, si llega a decir que la “h” se transforma en “m”, ahora viviríamos en Mamón.  ¡Toma ya!  ¿Seríamos unos mamones o unos “mamoneses”?


PUBLICADO EL 16 DE DICIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA. 

EL GOBIERNO Y EL PRINCIPIO DE PETER

 Aunque el título pueda llevar a error y a confundir a alguien pensando que el “Peter” del principio se refiere al todopoderoso Sánchez, decir que el susodicho Sánchez no es el sujeto del mismo, ni el principio activo de la cosa.  El principio de Peter o de incompetencia, se denomina al hecho de que, en una jerarquía todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia.  Vamos, lo que otros lo explicarían como que “la nata sube hasta cortarse”.

¿Cuántas veces no se recompensa a un buen empleado ascendiéndolo a encargado y después no rinde adecuadamente en su nueva función y se queda como un mal encargado? ¿O el caso de un buen estudiante que no sirve para profesor, porque asimila, pero no transmite?  Podría ser irónico y comentar el caso de una cajera de supermercado ascendida a ministra, pero no, prefiero no meterme en cuestiones domésticas -vamos, por aquello de ser “señora de” o “ex -señora de”.

¿Se podrá dar el caso de que un buen encargado sea un mal empleado? ¿Será por eso que algunos sólo sirven para mandar y en cambio poco o nada para trabajar? ¿Acaso el mandar no es un trabajo?  Eso ya será otra cuestión.

Estos últimos días, la futura presidenta del Gobierno de España doña Yolanda Díaz ha venido a decir que mucho antes de que el salva-patrias Peter Sánchez alertara a la población del peligro del coronavirus, ella ya lo sabía.  Y que lo dijo.  Y que no le hicieron caso. Y que la tacharon de alarmista.  Vamos, que cuando el sabio Simón en un lapsus dijo que en enero ya se conocía, en aquella ocasión sí que dijo la verdad.

Y no va sobre verdades el escrito de hoy, sino de competencias –e incompetencias-.  ¿Se imaginan al sabio Fernando Simón de ministro de alguna cosa y Yolanda Díaz como directora del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias? ¿Hubiera el gobierno de Peter Sánchez ganado en credibilidad en el caso de que Yolanda Díaz hubiera dirigido el Centro de Alertas y Emergencias? ¿Se hubieran evitado tantos contagios y muertes?

Es difícil asegurarlo. Imposible más bien.  Y siendo políticos, nada fiables. Seguramente las cosas no hubieran cambiado. ¿Acaso no ha tardado casi dos años en confesarlo? ¿No será una campaña de imagen, acoso y derribo de los comunistas hacia los socialistas en busca del sorpasso?

Pero al final de la película, la crítica barajará algunos posibles titulares: que la culpa fue del PP por ir a misa; de Franco por volar sobre Madrid; y quien sabe si del emérito con tanto presunto trajinar de comisiones. 

PUBLICADO EL 9 DE DICIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA.

DICTADURA DEL PROLETARIADO

 Los disturbios de Cádiz han destapado de nuevo la parte más autoritaria del Gobierno de Sánchez.  Y digo autoritaria como podría haberla calificado de antidemocrática, dictatorial, absolutista…, porque en nada se aleja de la realidad.

Si a esto le añadimos el proyecto del Gobierno de Pedro Sánchez de desarmar -tanto con medios como con leyes- a las FCSE para impedir que éstas puedan ejercer con seguridad -y dignidad- su trabajo de dar protección a los ciudadanos, sólo faltará despenalizar todo lo que atente contra la seguridad y el orden constitucionalmente establecido.  Vamos, que empezaron con los sediciosos y no acabará aquí, no.

Ya hay quien, desde el Gobierno de Sánchez, ha hablado -y justificado- la “dictadura del proletariado”. Vamos, que alguno de éstos a quienes pagamos sus millonarios sueldos hablan de proletariado y, peor aún, defienden su dictadura.  Dictadura, sí. ¿Cómo se atreven a llamarse demócratas si lo único que quieren es una dictadura? Eso sí, a imagen y semejanza de su exdiputado pateador de policías.  Al menos, aquel sí es un proletariado.

¿Llegaremos al centenario de la Segunda República con un Frente Popular y sus hordas marxistas cerrando iglesias y quemando santos? Pues, camino vamos.

Según la definición de Marx -y no el de los camarotes-: “el proletariado instaurará su propio -y diferente- modelo de Estado.  Se llamará “dictadura del proletariado” a este periodo transitorio en que la clase obrera toma el poder y socializa los principales medios de producción, expropiando a la antigua clase burguesa”.  Y continúa: “Pero la dictadura del proletariado -o socialismo- sólo es una fase hasta la definitiva desaparición de la opresión del hombre por el hombre: el comunismo.”

Nada decía Marx de los millones de muertos que provocaría el comunismo.  Pero ¿qué podíamos esperar de quien fue capaz de engañar a su mujer con la sirvienta? Sí, Marx, el del “Capital”, tenía sirvienta y todo. Y la dejó embarazada.  Y no tan sólo eso, sino que no reconoció a su hijo. Y ahora va la nueva clase política, y nos lo ponen de ejemplo de socialismo.  ¿A eso se le llama dignificar a la mujer? 

Y eso sin ahondar en los problemas “domésticos” -por no llamarlos de otra forma- de este ejemplar de caballero. Vamos, que la novela “El señor Marx no está en casa” de Ibsen Martínez, también pasará a ser proscrita en España, en cuanto algún miembro de los partidos gobernantes la lean -y entiendan, claro-. 

Que, del incesto y la pedofilia, tampoco se librarían algunos.


PUBLICADO EL 2 DE DICIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA.

LA PENSIÓN DE VIUDEDAD

Nadie se atreve a hablar del tema, pero ahí está.  Lamentablemente estamos mandados por una clase política que no nos merecemos.  Son, cuando menos, mentirosos o ignorantes. E incluso algunos/as/es ambas cosas a la vez.

Que hay algunas pensiones de viudedad que son una miseria, pues sí.  Que la mayoría de las personas que cobran estas míseras pensiones son mujeres y ancianas, pues también.  Pero al parecer en este punto, la ministra de la cosa igualitaria no ha creado aún su asesora amiga o niñera correspondiente. Ni el ministro Escrivá un presupuesto para aumentarlas.

Pero hoy no voy a hablar de estas míseras pensiones de viudedad que inventó aquel “terrorífico” dictador, anexas a aquellas jubilaciones también inventadas por su régimen aprovechando los descansos entre tanta inauguración de pantanos y centrales hidroeléctricas.

Hoy voy a hablar -o a escribir mejor- de las pensiones de viudedad que cobra el conyugue, pareja o asimilado; macho, hembra o no binario; que por haber trabajado y cotizado cobra su pensión, o incluso aun cobrando un salario al ser trabajador/a/o en activo.

Sin duda, aquella protección que el machismo franquista blindaba a la mujer del trabajador o pensionista fallecido, se ha desvirtuado con el tiempo.  Y me parece bien -e igualitariamente justo- que si quien aportaba el sueldo al hogar era la mujer y el hombre se encargaba de “sus labores” que, a la muerte de la primera, éste no se quedara en una posición económicamente desamparada.  Pero las cosas cambian que es una barbaridad…

¿De verdad creemos que, en un entorno familiar, en el cual ambos integrantes del mismo son asalariados -o pensionistas- a la muerte de uno de ellos, el superviviente debe tener derecho a cobrar una pensión de viudedad a la muerte del otro? ¿Es una discriminación entre solteros y emparejados?

¿Acaso no sería una medida de ahorro para la mal llamada “hucha de las pensiones”? ¿Acaso el ahorro de las mismas no serviría para aumentar la cuantía de las, esas sí, míseras pensiones de quienes no tienen otro sustento?

¿Acaso no se han dado cuenta los responsables de la cosa pública de la diferencia entre la pensión de viudedad que pueda cobrar una mujer anciana, quien por los cánones de su tiempo se vio obligada a dedicarse a aupar una familia y trabajar sin derecho alguno, a la que pueda cobrar una persona asalariada de alto standing, profesionalmente activa o jubilada, tras la muerte de su pareja?

Por ahí, también se puede igualar, hacer justicia y, sobre todo, ahorrar. 


PUBLICADO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA

PROPAGANDA Y MITINES

Nunca he entendido qué ganancias -en votos- pueden sacar los políticos realizando un mitin.  Las otras -las monetarias- está claro que existen y son cuantiosas.  Es una de las formas para justificar gastos electorales y mamar del dinero del contribuyente. Y la propaganda, otro tanto de lo mismo.  ¿Acaso porque un partido se anuncie o grite más, va a conseguir que alguien quien no esté de acuerdo con ellos, los vote?  Dirán los expertos que moverán al indeciso, puede; pero supongo que de indecisos debe haber por todos los lados.  ¿No sería más económico prescindir de ellos -de mítines, claro-?

Cuando necesito comprar un electrodoméstico son varios los factores que influirán en mí para la toma de decisión.  La marca, las características, la experiencia con la marca, el servicio técnico, pero la decisión final la tomaré cuando el comercial de confianza -vamos, el responsable de la tienda- me aconseje y me aclare las dudas que puedan plantearse.  Y siempre, al final existe el compromiso del contrato -propaganda- y la garantía del producto.

Con el político no hay compromiso ni garantía de que lo que se diga en la propaganda, lo cumplan. Con el político el producto no tiene retorno ni canje alguno. Tampoco puedes malvenderlo o retirarlo y comprar otro de nuevo.  En el mundo político el compromiso lo adquieres tú, y te adhieres a él por un tiempo definido de antemano sin cláusula de ruptura, salvo que sea el político quien decida lo contrario.

Estos días, los medios de comunicación nos invaden con congresos de partidos, encuentros de “otras políticas”, de tiranteces entre jerarcas de una misma formación, y todo para ser el centro del espectáculo.  ¿Qué le importará a un votante del PSOE que Ayuso quiera hacer sombra a Casado? ¿Qué le importará a un votante del PP que Sánchez siga con la mentira de que España va bien? Si, al fin y al cabo, siempre tendrán una justificación para votar al partido “suyo”. Como mínimo, para que no ganen “los otros”.  Vamos, que no se vota al mejor, sino al menos malo.

Lo que sí nos debería importar a quienes no comemos ni bebemos de la política es que quien escojamos para patronear el barco sea honrado, cabal, competente y, sobre todo, sincero.  Y eso, si lo compramos por Internet o lo vemos por televisión, no tiene demasiada garantía.  Vamos, que el tendero de la esquina ni está, ni se le espera.

Aunque también sería bueno conocer qué comisión gana el tendero, no sea que se decante por una u otra, según la diferente comisión de la marca. 


PUBLICADO EL 18 DE NOVIEMBRE DE 2021, EN EL DIARIO MENORCA.