UN PRESUNTO MAL SUEÑO

Mal sueño, pesadilla, vaya usted a saber lo que le vino en mente a Federico, tras aquel repentino despertar. Y no es que fuera terrorífica la escena, ni tampoco un drama de telenovela, simplemente un sueño. Un mal sueño, una pesadilla, vaya a usted a saber…

Los informativos se introdujeron en los hogares interrumpiendo aquel programa rosa, aquellos desvergonzados aspirantes a hermanos mayores y no digamos de aquel conato de subida al estrellato contertuliano. La noticia bien merecía aquella huelga de mandos caídos y de cejas espabiladas. Los reporteros aparecían ante la sede del Ministerio de la Cosa, Casa o como quiera uno llamarle sin herir sensibilidades externas y mucho menos internas. Y tras ellos, varias dotaciones policiales rodeaban el edificio. Un coche sin distintivos llegaba minutos más tarde. Era la llegada del mismísimo fiscal de la cosa corrupta y del juez de guardia de aquel día. Y con ellos, sus respectivos secretari@s.

La incógnita tardaría poco en dejar el secreto sumarial para, con filtración o sin ella, dar la noticia de que un miembro destacado de aquel ministerio había sido detenido. Las causas, las presuntas. Si, siempre presuntos, pero con nombres y apellidos. El ladrón de guantes de piel bovina aparece siempre con la cara tapada y con las iniciales de su identidad. El político que apostó y perdió por culpa de quien sabe qué, lo sacan con cara descubierta y con el nombre y apellidos bien clarificados. Pero presuntos claro. Ahora sólo faltaba que se produjera la salida del presunto, para que su nombre y apellidos pasaran a formar parte de aquellos doscientos y largo número de presuntos políticos.

Y pronto se reveló su identidad. Consejero del consejero , o asesor de algo concreto. Y de nombre, Presunto Nombre Corrupto, o lo que es lo mismo, PNC y de treinta y seis años de edad.. Las cábalas no habían fallado. Tenía todos los números de ser el siguiente. El juez había puesto el listón muy alto. Y poco a poco, iban cayendo.

La de la carretera de Sant Lluís, quedaría pequeña si todos llegaran por aquello del turismo de estación. Ni media pensión ni pensión completa, pensó Federico. Y su crimen: el de todos. Ni más ni menos. Faltar a la verdad, mentir. Así decía la nota divulgada minutos antes de que saliera la comisión judicial del edificio ministerial.

Las hemerotecas hacían su trabajo. Presunto Nombre Corrupto, de treinta y seis años de edad, madrileño de adopción y extremeño de nacimiento, había cursado la carrera de derecho, o al menos eso figuraba en su expediente político. Nadie sabía más. Era eso sí, asesor o consejero, de estos que firman los informes de todo a cien…. , a cien mil, claro. Ni tomates ni raons. Ni extranjeros ni derechas e izquierdas. Simplemente informes, firmas y rubricas. Y al tajo. O a la cuenta, que es lo mismo.

Pero la acusación no le malversaba fondos ni sin fondos, ni mucho menos tocaba techo. Simplemente, por mentiroso. Presunto claro, don Presunto. En la última campaña electoral había prometido “ni uno más”, y ya eran cuatrocientos quienes en aquel ministerio caían enfermos de la gripe E. E de España, de empleo, de exagerados más bien. Y cuatrocientos eran muchos, máxime cuando el resto eran menos.

Y el contrato lo decía bien claro. No mentirás al prójimo. Al presunto prójimo intentaba defenderse don Presunto. Pero no cabía excusa alguna que hiciera torcer la tesis del fiscal. Había prometido por activa y por pasiva que aquella vacuna era eficaz el cien por cien. De momento, un sesenta por ciento ya había caído en acto de servicio, o por lo menos en horario laboral.

El micro-gabinete de crisis estaba también en crisis. La “vice”, le molestaba aquellas filtraciones, aquella presencia mediática y aquella falta de censura que le impidiera modificar la realidad. Sus asesores también la aconsejaron. Despáchese a gusto, le comentaban. Si es de los nuestros, respondía ella. El contrato estaba roto. Estaba imputado. Era presunto, si, pero imputado, al fin y al cabo, sin votos, pero imputado.

El “presi”, el invicto presidente de nuestro Gobierno, estaba afuera. Afuera, en el extranjero. Lejos de la polémica y de las manifestaciones. El teléfono móvil desconectado y del paradero, conocido. El micro-gabinete seguía en crisis. De pronto, un grupo de aireados se hace a la calle. Pide, reivindica, exige que aquella promesa de subida salarial, también se haga efectiva. Exige que aquella corrupción, aquella mentira, también lleve por delante, o por detrás, tanto daba, a quienes la incumplen.

Y salen también los autónomos. Tienen paro, sí, pero deben esperar un año aún a poder pararse. Y salen los parados y exigen trabajar. Y salen los sin-techo y exigen viviendas dignas….. El micro-gabinete sigue en crisis, pero no ven paro a qué acogerse. Ni quieren abandonar el puesto, la silla, la poltrona. No es su estilo, ni han luchado para que ahora, por cuatro o cinco presuntos millones de españoles y asimilados, tirar la toalla. Tienen seis más de ventaja que los autorizan a perpetuarse. Al menos así lo piensan. Seis más, de los que muchos estarían familiarizados con aquellos cinco manifestados. O movidos, o perpetuados en el paro, vaya a usted a saber.

Y en estas las cosas. Rodríguez, Zapatero para más señas, regresa a la base España. Por un momento el micro-gabinete se siente reconfortado. Al menos, la responsabilidad será suya. Por un momento, las cuerdas encierran el cuadrilátero, las esquinas se juntan, el trazo es estrecho.

Aparece un a legión de helicópteros y aparecen un montón de fiscales de la cosa corrupta y jueces de guardia, todos clonados. La cosa es seria. Cada uno de ellos se dirige a un destino, presunto destino. El día D, la hora H, parece que ya ha entrado en la historia. Son las 12 horas y 30 minutos según la televisión. Un nuevo corte en la programación. Por unos momentos nos quedamos sin filtración alguna. Desde la Moncloa aparece la noticia de que nuestro “presi” se dirigirá a la nación. Franqueado por el micro-gabinete antistress , aparece la imagen, preocupada claro, de RZ, o JLRZ y de cuarenta y nueve años de edad.

Ruido de sirenas, alarmas o vaya usted saber, interrumpen aquella presentación televisiva. ¿Dónde estarán los helicópteros? , piensa uno aludiendo a lo peor. Pero no. Aquella imagen de RZ y de cuarenta y nueve años sigue presente, sin inmutarse. Empieza el monólogo. Las sirenas, alarmas o vaya usted a saber, siguen interrumpiendo la presentación. De pronto, un sobresalto.

Son las seis de la mañana. Es un martes cualquiera. Y aquellas sirenas, alarmas o vaya usted a saber acababan de despertar a Federico. Su despertador le había desconectado de aquel sueño, de aquella pesadilla.

Al menos, le había evitado una repetición de monólogos. Fue sin duda una pesadilla. Un mal sueño. Un sueño sin sentido de la realidad. ¿Cómo iban a detener a un presunto político por decir una presunta mentira?

Y además de nombre “Presunto”, para más recochineo.
PUBLICADO EL 24 DE NOVIEMBRE DE 2009, EN EL DIARIO MENORCA.