Aunque ya suena a expresión de otra
época, eso de “vivir del cuento” sigue tan vigente como siempre. Claro, el
cuento ha ido cambiando de protagonista según la temporada. Hubo un tiempo en
que los “vividores” eran aquellos artistas del esguince perpetuo o los
campeones del subsidio sin fecha de caducidad. Vamos, que con un poco de carisma
artística y la interpretación teatral realizada en el lugar y momento adecuado
bastaba.
Porque no nos engañemos: el mérito no
era solo del actor principal, sino también del público colaborador, ese
funcionario o político de turno que, total, reparte el dinero de otros. Y
claro, cuando el dinero no es tuyo ni es de nadie, la generosidad sale sola,
casi por instinto.
Con el tiempo, la picaresca ha
evolucionado. Al cuento se le añade las nuevas versiones. Las bajas médicas sospechosas
y las ayudas eternas siguen ahí. Pero eso sí, ahora el abanico de beneficiarios
se ha ampliado. Si antes estaban los falsos represaliados que supieron ser
víctimas o vencedores según soplara el viento, ahora se les han añadido los
políticos reciclados, los primos, los cuñados y, por supuesto, los famosos
“comegambas”, rodeados de su correspondiente corte de aduladores.
Y, los últimos fichajes del club son
esos “menores de edad” de veintitantos años, especialistas en eternizar la
adolescencia y en beneficiarse del sistema con una habilidad que ya quisiera un
ministro tuitero. Eso sí, lo de la jubilación ni lo huelen por el momento ya
que todavía están ocupados “buscándose a sí mismos”, pero tengan por seguro que
cuando llegue el momento, envejecerán de golpe y plumazo. ¿O será de un porrazo?
Podríamos seguir enumerando
especímenes de esta fauna vividora, pero mejor no. Cada cual que haga su propio
inventario mental, que seguro acierta. Y lo mejor es que la lista no se acaba.
Siguen apareciendo nuevas versiones del cuento, como los escribidores que ahora
viven, literalmente, de escribir sobre los bulos y demás en las Cortes y en el
BOE.
Ahí están también aquellos héroes de
flotillas humanitarias que, por algún misterio logístico, se devoraron la ayuda
antes de llegar a puerto. ¿Harán un libro sobre su épica travesía? ¿Una
película con banda sonora de violines? ¿Les darán el collar de Isabel la
Católica o lo rechazarán por lo de “católica” y por ser republicanos?
En fin, al menos estos sí que pueden
decir que viven de su propio cuento, y no como tantos otros, que viven del
cuento de los demás. Y el cuento sigue,
y cada generación añade su propio capítulo. La diferencia es que antes el
cuento se contaba para dormir… y ahora se cuenta para cobrar.
PUBLICADO EL 5 DE NOVIEMBRE DE 2026, EN EL DIARIO MENORCA.