CONTUBERNIO FELIPE-JUANCARLISTA


Quienes contamos ya con cierta edad no nos es ajeno aquello del “contubernio judeo-masónico” que tantas veces solía aparecer en el NODO y en las alocuciones del Caudillo.  Franco murió y ni los judíos ni los masones se repartieron  la herencia.  España recuperó la libertad perdida y el pueblo español demostró a sí mismo y a la comunidad internacional que era merecedor de vivir en una democracia adelantada y en concordia consigo misma.

Han pasado más de cuatro décadas de ello y los presidentes  actuales -uno ni había nacido cuando murió el dictador y el otro acababa de abandonar la guardería infantil-  no cesan en desenterrar al muerto y peor aún, la fatídica contienda civil –ochenta y tantos años después-.   Y no les basta en resucitar el odio y la venganza, sino que a imagen y semejanza del anterior dictador, los actuales también confeccionan su propia lista de desafectos.

Y no es la primera vez que entra en la lista, sino que se mantiene.  Se llama Felipe González, fue Secretario General del PSOE y fue el primer Presidente socialista de un Gobierno de España después de la dictadura.  Junto a él ha entrado en esta especie de “contubernio” Juan Carlos I, el heredero de Franco, y presuntamente muchas cosas más, entre las que –quieran o no- se encuentra el de haber llevado la nave patria a un puerto democrático.

Pero todo lo anterior no les importa ni a Pedro ni a Pablo.  El pasado sólo les interesa si lo pueden escribir o manipular a su antojo. Vamos, que el mundo no existió  hasta que ellos llegaron a la Moncloa.  O sea,  dioses menores y creadores de mundo, y lo demás, son historias.

Estos dioses menores -y sin altar en busca de alguna sacerdotisa dispuesta a ofrecer los sacrificios de tanto españolito-, estos aprendices a dictador bolivariano, no aceptan la crítica venga de donde venga.  No aceptan ni la de un referente en la historia reciente de España como puede ser el del propio Presidente Felipe González, socialista para más señas.

Y si Pedro Sánchez no es capaz de aceptar –o al menos respetar-  las críticas de un personaje público como el que fuera presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE en unos tiempos históricos, poco o nada dice de sí mismo y del partido que lo sustenta.  De un plumazo Pedro Sánchez reniega de la historia de su partido y  la de sus gentes.

Franco resistió cuarenta años con los judeo-masónicos en su discurso. ¿Cuánto aguantará el matrimonio Iglesias-Sánchez contra los suyos? ¿O serán  éstos la parte marxista-internacional?


PUBLICADO EL 18 DE JUNIO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.

¿GOLPE DE ESTADO?


¡Lo que nos faltaba por oír!  Los ministros comunistas de mi Gobierno y otros miembros del ejecutivo nombrados por Sánchez e incluso el propio copresidente, alarmando a la población de las presuntas ganas que tendría la derecha fascista –según parece la izquierda fascista no tiene ganas de ello- de que se diera un golpe de Estado.

Y según los movimientos que hacen los miembros de mi Gobierno, puede darse a entender que el punto de mira –el del Gobierno- está puesto sobre  los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.  Y más aún, sobre la Guardia Civil.  Vamos, que por lo visto, cuando alguien trata de ser honrado, profesional e imparcial  es un fascista golpista –según mi Gobierno, claro-.   Según la RAE sería todo lo contrario.

Suele decirse que el tiempo pone a cada cosa en su sitio, y normalmente suele ser así.  A veces, el tiempo llega tarde y el olvido ha llenado su vacío.  Con nuestro Gobierno actual esto no ocurre.  Si bien es cierto que llegamos tarde y mal a combatir la Covid-19, en otros temas, aunque lleguemos mal, no tardamos en llegar.

Lo hemos visto la última semana cuando de un plumazo han eliminado la Plana Mayor de mando de la Guardia Civil, y todo por cumplir las órdenes dadas por un juzgado.  Vamos, que da la sensación de que el ministro-juez no le gusta que su policía cumpla las órdenes de otro juez-juez.  Y suerte que son demócratas, transparentes y sobre todo, de izquierdas.

No quiero ni imaginarme qué hubiera ocurrido si el ministro-juez, el profesor universitario y el doctor en Economía, hubieran sido de derechas.  Vamos, que me imagino que nos hubieran tenido arrestados en casa durante meses, nos hubieran quitado el derecho de manifestación, nos hubieran impuesto un toque de queda, nos hubieran prohibido viajar e incluso pasear por la calle, y seguro que hubieran aplicado la “ley Mordaza” a quienes incumplieran sus mandatos.

¡Suerte hemos tenido que  no fueran fascistas!  Ahora,  sólo les faltará poner a un matemático a los mandos de la Sanidad.  Si en su día, el ministerio “maría” de Sanidad lo pusieron al mando de un filósofo –uno no sabe si era para que se lo tomara con filosofía-, ahora es necesario que para que las cuentas cuadren coloquen a un matemático que no se equivoque al contar los muertos diarios.  Y es que aquello de que “el orden de los sumandos no altera la suma” no tiene base filosófica.

Pero seguro que antes de decir la verdad,  crean las Milicias Revolucionarias para sustituir a la Guardia Civil. Tiempo al tiempo.

PUBLICADO EL 11 DE JUNIO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.

EL GOBIERNO, MI GOBIERNO.


El senador Vidal tuvo que recurrir a Barrio Sésamo para explicarle al Gobierno lo que era lejos y cerca.  Cosa de niños, sí, pero ni así parece entender nuestro Gobierno la situación de nuestras islas en el conjunto del Estado.  Y tal vez utilizando este método se les podría también enseñar otros conceptos de Estado sin necesidad de pagar tanto asesor y gestor.

Y es que el Gobierno -mi Gobierno-  de cada vez parece desentenderse más de la situación real de lo que está ocurriendo. Se está fabricando un nuevo eje, un nuevo Estado, a golpe de decreto, improvisación y ya no digamos de dictados.  Dictados, de dictadura, claro.  Por decreto del  “mando y ordeno”.

Han dividido la opinión pública en quienes defienden la inacción del Gobierno en la crisis de la Covid-19, y quienes la denuncian.  Los presuntos votantes socialistas se unen en la respuesta -ya demasiado conocida-  de que era la primera vez que pasaba una cosa de tal magnitud, que la derecha lo habría hecho peor, que por todo el mundo ha ocurrido lo mismo, que no se podía hacer de otra forma…. Y por supuesto, a quienes denuncian la incompetencia del Gobierno en gestionar la crisis, los acusan –como mínimo- de ser de derechas.

Desconozco y desconoceremos qué hubiera pasado si hubiéramos estado en manos de un gobierno de derechas, pero sí conocemos lo que ha ocurrido con la mala gestión del Gobierno -comunista, socialista, independentista, batasunos y demás Frente Popular- que está pilotando las naves del Estado.

Y nos guste o disguste, el Gobierno actual, es mi Gobierno, lo haya votado o no.  El copresidente es mi presidente, me guste o disguste.  Y sea yo de izquierdas,  de derechas, de centro o de ambos o de ninguno, de momento y mientras Pablo Iglesias,  Grande -Marlaska o el propio Sánchez, no me lo impidan intentaré expresar mi opinión.  A decir la mía, vamos.  Tan válida como puede tener cualquier otro ciudadano votante o no del PSOE, del PP, o de quien no se hubiera acercado a las urnas.

Y como es mi Gobierno, me atrevo a decirles que así no.  Así no se gestiona una crisis como la que padecemos.  Ustedes cobran y han sido elegidos para solucionar los problemas, no para aprovecharse de los problemas para solucionar los suyos.  Y ustedes han sido elegidos porque se han presentado para ello.  Nadie les ha obligado.  Y como lo son y no quieren dejar de serlo, apechuguen con ello.

Y por favor, den independencia a los otros poderes.  ¡Alejen sus ramalazos dictatoriales!, que no estamos en la II República. 


PUBLICADO EL 4 DE JUNIO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.

DOCTOR SÁNCHEZ


¿Se imaginan que una mañana, cuando estemos frente al televisor esperando que el canal Moncloa TV nos dé el último parte de guerra contra la Covid-19, que el presentador –y secretario de Estado- en vez de anunciarnos la llegada del “doctor” Simón, nos presentara al doctor Sánchez?

He entrecomillado al “doctor” Simón a conciencia.  No por él, sino por quienes le llaman doctor. Es verdad que en España a los médicos les llamamos doctor, tengan o no el doctorado, pero al menos ejercen de médicos.  El “doctor” Simón no trabaja como médico.  Es el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias  Sanitarias. ¿Por qué entonces no lo presentan como “director”?

Está claro que intencionadamente desde Moncloa TV, o sea,  el invicto presidente Sánchez,  pretende dar mayor credibilidad y redundancia usando el término doctor.  Y lo consigue.  Lo consigue porque,  aun repitiéndolo hasta la saciedad,  el público asistente lo engulle tal como nos lo presenta.  Sólo le faltaba añadir que había estudiado en el Opus Dei, y seguro que incluso hubiera ganado adeptos en la franja derecha de los espectadores.  Y ya no digamos si se presentara en bata y con fonendo.

El problema ya no es  Fernando Simón ni el presentador, ni el copresidente Sánchez.  El problema ya traspasa el plasma y entra en nuestro salón.  Habrá quienes por  aquello de haber doblado la curva y ya poder ir a tomar unas cañas - ¡y a la playa!-,  habrán alejado toda suspicacia en las maniobras, dignas de elogio –todo hay que decirlo- de nuestro copresidente Sánchez.  Otros, los que lo llevan entre ceja y ceja, por mucha caña que tomen, seguirán repitiendo lo mismo: improvisación, incompetencia, y cosas peores, claro.

Y al fin y al cabo, el problema no es el “doctor Simón”, el problema lo tendremos con el doctor Sánchez.  Primero,  porque  él es quien manda –al menos constitucionalmente hablando-  y segundo, porque al ser –él sí que lo es- Doctor, aunque en Economía, lo vamos a tener claro, clarísimo.  ¿Quién va a dudar de sus políticas económicas que presente a la ciudadanía?

Si al principio de la Covid-19 teníamos fe ciega en todo lo que se publicaba  en el canal Moncloa TV con tanto caso aislado y controlado, y eso que nos lo decía alguien que no tenía doctorado alguno, ¿Cómo no vamos a creer lo que nos diga nuestro copresidente con un doctorado debajo del brazo?  Y ya no digamos si saca un as de debajo la manga y un conejo de dentro la chistera.

Sólo le faltará cambiarse la bata  blanca por el frac.



PUBLICADO EL 28 DE MAYO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.

SUSPENDER, PESE APROBAR


Suena raro, pero es lo normal.  Vamos, que no es normal que se suspenda pese haber aprobado, pero sí que es normal que en España se den situaciones “anormales” cuando se tiene un gobierno comunista pilotando los mandos de la nave.

Los españolitos de a pie y asimilados nos hemos portado de manera sobresaliente durante todos estos meses de arresto domiciliario.  Hemos salido al balcón a aplaudir a nuestros sanitarios y demás, y no hemos levantado cacerola alguna contra nuestros gobernantes.  Hemos demostrado que las palabras “cacerolada” y “escrache” no son términos que se encuentren en nuestro diccionario.  Son términos invasores,  más bien venidos de repúblicas bolivarianas y bananeras.

Y este notable comportamiento de la ciudadanía se enmarcaba  en la creencia de que lo hacíamos por solidaridad con nuestros mayores,  por nuestros vecinos, por nosotros mismos. Y que efectivamente, todos juntos lo conseguiríamos. 

Pese a todo ello, han muerto decenas de miles de españoles en esta batalla.  Cientos de miles la han padecido y sufrido.  Millones de trabajadores han perdido sus empleos.  Millones de jóvenes han perdido sus esperanzas de futuro.  Y todo por solidaridad.

Ahora, estos “expertos” escondidos bajo secreto de Estado, que dicen velar por nosotros, deciden que no ha sido suficiente.  Que el arresto domiciliario no ha servido para nada. Que el cierre de fábricas y empresas, tampoco.  Que somos rebaño, sí, pero que no hemos conseguido la inmunidad. 

Vamos, que si hubiéramos hecho caso omiso a las indicaciones del gobierno comunista copresidido por Pedro Sánchez, tal vez ahora la mayoría de los españolitos de a pie, estaríamos inmunes y dando saltos por la pradera, pero no.  Y sobre todo  no estaríamos ahora en quiebra.

Tan buenos hemos sido que seguimos libres de pecado y por ello seguimos siendo carne apetecible para la entrada de este virus demoniaco.  Y por eso mismo, ahora nos tocará hacer lo normal: distancia,  guantes, mascarillas, mamparas y demás artilugios.  ¿Por qué no lo hicimos  al principio de todo sin necesidad de matar la economía, el empleo y el futuro?

¿Acaso tanto saben estos supuestos y anónimos cuatro licenciados en medicina, dos en historia, dos en económicas, uno en política, un diplomático, un periodista, un abogado, una química, un astrofísico y un profesor, que aconsejan secretamente al gobierno?  ¿Podrán llegar a  decidir si morimos  y cómo nos morimos?

Vamos, que de tan bien que lo hemos hecho, hemos suspendido.  Y sin septiembre.

PUBLICADO EL 21 DE MAYO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.

FUNERALES DE ESTADO


Hubo una vez un político que quería gobernar su país –o al menos presidir su gobierno- y prometió que si llegaba a dormir en la Moncloa, la primera norma que dictaría –después de cambiar el colchón, claro- sería la de instituir los “funerales de Estado” para cada una de las mujeres asesinadas por la violencia machista.

Pasó el tiempo y -por cosas del destino y de pactos dudosos- alcanzó su sueño dorado de dormir en la Moncloa. Ya nada más se supo de aquellos funerales de Estado que había prometido celebrar por cada mujer asesinada.  Y por desgracia, el número de mujeres asesinadas por violencia machista tampoco disminuyó en su mandato.

Poco tiempo después de copresidir el gobierno de su país, la pandemia del Covid-19 hace estragos en esta nación de pequeñas taifas.  Algunas de ellas lucen crespones negros en las banderas  que ondean a media asta en los edificios  públicas.  Algunos políticos aparecen también  con corbata negra como muestra de respeto a tantos ciudadanos que han perdido su vida a causa del virus asesino.  Balcones particulares y perfiles en redes sociales aparecen también de luto. 

Mientras todo esto ocurría, el copresidente -nuestro copresidente- se presentaba ante la opinión pública con corbatas tirando a rojo rosa –o rojo clavel-, hasta que llegó su comparecencia semanal para anunciarnos la buena nueva, o sea,  la fase 1 –que en realidad era la segunda fase-.  Aquel día –tras haber renovado por enésima vez el estado constitucionalmente dudoso de alarma con la ayuda de Ciudadanos y de haber aceptado la exigencia de  Inés a declarar algún día, el luto nacional- apareció con corbata tirando a gris oscuro.

Y no tan sólo vestía con corbata no roja, sino que además vislumbraba en el horizonte la declaración algún día del luto nacional, que tanto se pedía.  En cierta medida jugaba con el factor tiempo y que la gente, ilusionada con la “nueva situación” que se diera en su momento,  se olvidara de tanto fallecido, de tantos test falsos, de tanta mascarilla “fake” y que las caceroladas que seguramente ellos mismos habrían auspiciado si hubiera sido oposición, se convirtieran en aplausos, o al menos, respeto.

Y puede que muchos olviden.  Pero serán muchos  quienes no olvidarán.  Quienes no olvidarán serán  los familiares de quienes han perdido la vida en esta pandemia y que tuvieron que morir solos, sin poder despedirse de los suyos, y de quienes los suyos tampoco pudieron despedirse de ellos ni una vez ya  muertos.

Es triste, sí, pero así es España.


PUBLICADO EL 14 DE MAYO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.

SÍNDROME Y FASES


Aunque  todos  conocemos el llamado “Síndrome de Estocolmo”,  a veces da la impresión de que somos ajenos a él.  Según la Wikipedia “El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro o retención en contra de su voluntad desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo​ con su captor. Principalmente se debe a que malinterpretan la ausencia de violencia como un acto de humanidad por parte del agresor”.  Vamos, que ahora ya no nos parece tan lejano el mentado síndrome.

Retención y humanidad”, éstos habrán sido los términos que seguramente nos habrán devuelto a la realidad cotidiana.  Un juego de palabras que invocadas juntas y al unísono con las de solidaridad con el resto de españolitos y con nuestros héroes sanitarios,  dan lugar al caldo perfecto.  Y no digamos si a éstas le añadimos términos de nuevo cuño como pueden ser el cambio climático, la globalización, la sostenibilidad….

Y de las fases no digamos.  No del síndrome si no de la llamada “desescalada”; que uno se ha perdido entre tanto tramo. Si la primera que es la cero, que la segunda que es la primera, que si la inicial, la intermedia y la final…. , uno ya no sabe cuándo podrá ir al peluquero y mucho menos cuando podrá encalar la segunda residencia, si es que antes ya le han permitido ir a comprar la pintura.

Escribo este artículo el mismo sábado 2 de mayo, fecha de independencia y de valores patrios, en que el todopoderoso mando único me ha levantado el arresto domiciliario preventivo, incondicional, sin fianza y comunicado, por unas horas. Y me he resistido a hacer uso de esta condicionada libertad por eso mismo, por ser condicionada, e incluso añadiría, cuestionada.   Condicionada por el tiempo y por el espacio.  Cuestionada, desde el principio por quien suscribe - siempre he dudado que la medida esté constitucionalmente amparada dentro de  un Estado de Alarma- y ahora ya públicamente por reconocidos juristas.

Mientras unos disfrutan recorriendo  tramos del Camí de Cavalls, a pié o en bicicleta,  mientras otros pasean por las calles celebrando su porción de “recuperada” libertad, yo me posiciono ante la pantalla que rápidamente va llenándose de caracteres.  No resulta difícil alcanzar  los dos mil quinientos de éstos, cuando el sentir es sincero: Te sientes retenido en contra de tu voluntad, y precisamente por eso,  no crees padecer el síndrome de Estocolmo. 

Y  mientras duren los aplausos, no empezarán las caceroladas.  Luego,  la libertad.

PUBLICADO EL 7 DE MAYO DE 2020, EN EL DIARIO MENORCA.